Capítulo 1:Un bache en el bosque fetiches de mayordomo y el funeral del chándal

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Para Cecilus Segmunt, el autoproclamado «Actor Principal» del gran teatro del mundo, la existencia misma se dividía estrictamente en dos categorías inmutables:

las escenas magistrales que hacían avanzar la trama de forma espectacular con un choque de acero y giros argumentales de cinco estrellas,

y el relleno burocrático insoportable que el director de escena debería haber cortado sin piedad en la edición final.

Y en ese preciso instante, para su absoluta desgracia, se encontraba atrapado en la peor, más tediosa y gris escena de relleno que la historia de la humanidad pudiera concebir.

-...por lo tanto, la distribución excedente de los granos de la provincia del sur debe ser reevaluada bajo el nuevo marco del impuesto de contingencia militar.

La recaudación de las telas de cáñamo ha disminuido un tres por ciento debido a las sequías estacionales, lo que nos obliga a recortar el presupuesto de mantenimiento de los carruajes oficiales en los distritos fronterizos.

General de Primera Clase, Cecilus. ¿Está escuchando una sola de las palabras que se pronuncian en este recinto?

La voz que resonaba en la gran sala de reuniones del palacio imperial de Bastruny no pertenecía a un director de teatro apasionado con visiones de grandeza, sino a un hombre con una máscara de hierro inexpresiva y una paciencia que rivalizaba con la de una piedra milenaria.

Vincent Vollachia, el mismísimo Emperador del Imperio del Sagrado Vollachia, observaba al joven de cabello azul con una mirada tan gélida y afilada que habría provocado que cualquier soldado común o noble de alta alcurnia se orinara en los pantalones y suplicara clemencia de rodillas.

Cecilus Segmunt, sin embargo, ni siquiera se dignó a pestañear.

Estaba demasiado ocupado realizando una hazaña de equilibrio de alta complejidad: intentaba balancear una pluma de tintero de ganso sobre la mismísima punta de su nariz,

mientras mantenía las piernas cruzadas de forma perezosa sobre la mesa de caoba tallada a mano, un mueble histórico que costaba más que el presupuesto anual de una aldea entera.

Las dos espadas legendarias que descansaban a su costado

-la majestuosa Espada Sagrada Muramasa y la temible Espada Demoniaca Murasame

- parecían vibrar en sus vainas, no por una sed insaciable de sangre enemiga, sino por el absoluto desespero existencial de su portador.

-¡Ah, Su Majestad!

-Cecilus exclamó de repente, interrumpiendo el flujo de la sesión con un entusiasmo tan desmedido y radiante que desentonaba por completo con el ambiente fúnebre e hiperformal de la sala.

La pluma de ganso cayó al suelo, pero él simplemente la ignoró mientras sonreía de oreja a oreja

-. ¡Por supuesto que escucho! Palabras verdaderamente sabias e inspiradoras. Impuestos, granos, telas, sequías...

¡Todo suena como un maravilloso e intrincado prólogo para una gran epopeya de proporciones continentales!

El único inconveniente, si me permite el atrevimiento como el protagonista indiscutible de esta era, es que el público se está quedando completamente dormido en las butacas.

¡Y por público me refiero a mi persona! ¡El gran Cecilus se está secando por dentro!

Un suspiro unísono, pesado y cargado de una frustración acumulada durante años, recorrió a los demás generales de primera clase y ministros presentes en la mesa redonda.

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⏰ Last updated: Sep 01 ⏰

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