1-La chica de los apuntes.

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Volvía a sentir que la habitación de la residencia me ahogaba, así no podía estudiar, necesitaba aire...

Pensé < ¿La piscina, porque no probarlo?> fue casi automático, me decidí a salir de la residencia acompañada de todos mis apuntes del siguiente examen y si faltaba un mes, pero quiero estar preparada. Realmente nunca había ido a la piscina del campus, solo había oído hablar de ella, tocaría descubrirla.

Resulta que estaba a dos cuadras, llegué rápido y me dirigí a las gradas, nunca había estudiado en un lugar como este, pero hacia tan buen tiempo que daban hasta ganas.

Pero- me quede anonadada al ver un chico pasando por debajo de las gradas en bañador, uno de esos tan pequeños y ridículos, parecía que iba a una cabina de auto bronceado...

Ese chico estaba mirándome. Supongo que no habría visto nunca a nadie estudiar...

O quizá me estaba mirando porque llevaba cinco minutos observándolo como una idiota.

Bajé la mirada rápidamente hacia mis apuntes y fingí que estaba completamente concentrada en ellos. Psicología cognitiva. Perfecto. Nada podía ser más interesante que aquello.

Intenté seguir leyendo.

Una línea.

Dos.

Tres.

No tenía ni idea de lo que acababa de leer.

Volví a levantar la cabeza.

Ya no estaba.

—Genial —murmuré para mí.

No sabía por qué me había puesto nerviosa. Ni siquiera sabía quién era.

Me acomodé en las gradas, saqué un subrayador y continué estudiando. El sonido del agua se mezclaba con las voces de los nadadores y el eco de sus brazadas contra la piscina. Era extraño, pero, contra todo pronóstico, resultaba bastante agradable.

Quizá había encontrado mi nuevo sitio de estudio.

O quizá simplemente estaba intentando convencerme de que no había venido hasta allí por otra razón.

Pasaron unos veinte minutos.

Entonces volvió a aparecer.

Esta vez llevaba una camiseta encima y una botella de agua en la mano. Caminaba hablando con otro chico del equipo y parecía completamente despreocupado. Se reía de algo que no alcancé a escuchar.

No me miró.

O eso pensé.

Cuando pasó justo delante de las gradas, levantó la cabeza durante apenas un segundo.

Nuestros ojos volvieron a encontrarse.

Esta vez fui yo la que apartó la mirada.

Qué vergüenza.

Me concentré en mis apuntes con una intensidad absurda.

No iba a volver a mirarlo.

Definitivamente.

Unos segundos después, escuché una voz desde la piscina.

—¿Quién es?

No sabía si hablaban de mí, así que no levanté la cabeza.

—La chica de los apuntes —respondió alguien.

Mi corazón dio un pequeño vuelco.

No sabía por qué.

Y tampoco sabía por qué me hizo sonreír.

Seguí estudiando.

Aquella tarde aprendí bastante poco.

Pero, por alguna razón, cuando regresé a la residencia, lo único que recordaba de todo el día era una mirada.

La suya.

Y ni siquiera sabía su nombre, solo sabía que usaba ese bañador tan ridículo...

Perfecta imperfecta parejaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora