Capítulo 1 parte 1
El último atardecer
Mucho antes de que la gente aprendiera a temer el sonido de los aviones, los misiles o las botas de los soldados sobre los tejados, había un pequeño pueblo escondido entre montañas, no aparecía en los mapas importantes, no tenía grandes edificios ni carreteras de piedra.
Solo había casas de madera, pequeños campos de cultivo, establos, chimeneas que expulsaban humo durante las mañanas frías y largos caminos de tierra que se perdían entre los árboles.
Los carruajes pasaban por las calles levantando pequeñas nubes de polvo, los niños corrían detrás de ellos, las mujeres tendían ropa junto a las casas, los hombres regresaban del campo cuando el sol comenzaba a bajar.
Era una vida sencilla, tan sencilla que nadie pensaba demasiado en el mundo que existía más allá de aquellas montañas, y quizá por eso nadie estaba preparado para perderlo.
Ella solía sentarse siempre en el mismo lugar, había una pequeña colina detrás de su casa desde la que podía verse prácticamente todo el pueblo.
En primavera se llenaba de flores amarillas y blancas, y durante el verano el viento hacía moverse la hierba como si el suelo estuviera cubierto por un océano verde.
A ella le gustaba estar allí, no porque estuviera triste, simplemente le gustaba el silencio.
Mientras los demás niños jugaban, ella podía pasar horas sentada con las rodillas contra el pecho, observando las montañas, los niños correr y ese hermoso mar azul lleno con pequeñas manchas blancas similares a un algodón que se lo llevaba el viento de un soplido.
Era una niña extrañamente silenciosa, no hablaba mucho, y cuando lo hacía, era para decir pequeñas palabras sueltas.
Por eso los otros niños habían terminado acostumbrándose a dejarla tranquila, incluso tenían temor de ella, por ello llegaron a propagarse rumores de que ella era el fantasma del pueblo, nadie debe de hablar con ella y si cometías ese error entonces deberías de prepararte para que te arrebate la voz y ya no puedas volver ha emitir un solo sonido nuncs más, los rumores decían que ella no tiene voz y por eso va en busca de una voz bonita que silenciar.
Todos creían ciegamente en esos rumores, todos menos uno.
-H-hola. Dijo un chico tímidamente mientras jugaba con sus dedos.
Ella bajó la mirada del cielo para observar como él estaba a unos pasos de distancia.
Cuando él levantó la vista e hicieron contacto visual el rápidamente puso las manos escondidas detrás de la espalda y la cabeza ligeramente agachada mientras buscaba mirar a otro lugar pero no podía evitar volver la vista a sus cautivadores ojos, o por lo menos para él lo eran.
-Hola. Dijo ella secamente.
El chico tragó saliva.
-Yo...
Dijo él mientras levantaba la vista y la volvía a bajar.
Esperó ella en silencio y entonces dijo:
-¿Sí? Susurro mientras se levantaba.
-Yo q-quería...
Dijo él murmurando hasta que volvió a levantar la vista y observar como entre ellos hay un paso de distancia.
Se quedó completamente bloqueado.
Ella lo miró de arriba a abajo lentamente.
-¿Qué querías? Dijo ella mientras inclinaba ligeramente la cabeza y se llevaba las manos a las caderas.
Él abrió la boca.
-...........
Nada pudo salir de sus labios, ni un solo sonido.
Cerró la boca.
Entonces sus mejillas empezaron a ponerse rojas.
-Yo...
Dijo él mientras cerraba los ojos muy fuerte y daba pequeños pasos hacia atrás.
Ella lo observó durante unos segundos, dirigió su mirada a la distancia que él acababa de crear entre ellos, ella observó ese vació por unos segundos, levantó la vista y dijo:
-¿Te duele algo?
-¡No! Dijo mientras se llevaba las manos a la cara.
La respuesta salió tan rápido que ella cerró los ojos fuertemente, quedó aturdida, los volvió a abrir después de unos cuantos ligeros parpadeós.
Él creó un ligero espacio entre sus dedos para poder observar la reacción de la chica.
-¡Estoy bien! Gritó mientras volvía a taparse por completo el rostro.
-Entonces, ¿por qué estás rojo? Dijo ella mientras acercaba su mano lentamente a las del chico.
-¡Porque...! Dijo él mientras se alejaba de la mano de la chica.
No terminó la frase, cuando volvió a intentar separar sus labios y pronunciar algunas palabras no pudo, solo producía sonidos similares a un tartamudeo, en ese molento él se giró y dijo:
-¡Adiós!
Salió corriendo colina abajo sin mirar atrás.
Ella lo siguió con la mirada hasta que desapareció entre las casas.
Volvió a sentarse en el césped que se mecía a merced del viento.
-Vaya, ¿qué acaba de pasar? Dijo ella sorprendida pero a la misma vez emocionada, era la primera vez en mucho tiempo que alguien intentaba mantener una conversación con ella.
Y, por alguna razón, una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios.
ESTÁS LEYENDO
La Ventisca helada
RomanceAntes de la guerra, ella solo era una chica que prefería estar sola y él, el vecino tímido que llevaba años enamorado de ella. Hasta que una tarde, su mundo desapareció. Años después, sus vidas han tomado caminos completamente distintos. Ella se ha...
