La lluvia caía pesada sobre los suburbios de South Town, borrando las líneas entre los callejones de mala muerte y los almacenes abandonados. Whip se refugió bajo el alerón de lámina de un viejo taller, ajustando su látigo, "Voodoo", en su espalda, Estaba en una misión de reconocimiento para los Ikari Warriors, siguiendo la pista de una facción de NESTS, pero la noche se había complicado.
Unos pasos pesados y una risa ronca rompieron el sonido de la tormenta. De la oscuridad emergió Ryuji Yamazaki. Llevaba su habitual abrigo blanco, la mano izquierda enterrada en el bolsillo y esa mirada desquiciada que lo caracterizaba. No venía buscando pelea con el ejército, pero el destino en South Town siempre era caprichoso.
—Vaya, vaya... ¿Qué hace una soldadito tan pulcra en un basurero como este? —provocó Yamazaki, mostrando los dientes con una sonrisa salvaje.
Whip no retrocedió. Llevó la mano a su arma, con la guardia en alto.
—No tengo tiempo para tus juegos, Yamazaki. Date la vuelta.
—¿Y si no quiero? —Yamazaki dio un paso al frente, acortando la distancia con una velocidad física que contradecía su postura relajada.
El primer instinto de ambos fue el combate. Whip lanzó un ataque rápido con su látigo, cortando el aire húmedo. Pero Yamazaki, impulsado por sus reflejos criminales, esquivó el golpe, atrapó la punta de cuero con la mano libre y tiró de ella con fuerza. El impacto la arrastró hacia él, rompiendo su equilibrio.
En lugar de un golpe, lo que siguió fue un choque magnético. Whip impactó contra el pecho sólido de Yamazaki. Él la sostuvo por las muñecas, inmovilizándola contra la pared de ladrillos húmedos. Sus respiraciones se mezclaron, agitadas y calientes en el frío de la noche.
Por un segundo, el peligro de muerte mutó en otra cosa. Whip lo miró a los ojos, buscando al asesino despiadado de los bajos fondos, pero encontró una chispa de fascinación genuina. Yamazaki, acostumbrado a personas que le temían o que se huian vio en la mirada firme y desafiante de Whip una fuerza que lo encendió por dentro.
—Sueltame —susurró ella, aunque su voz carecía de la autoridad militar de siempre.
—Oblígame —respondió él, acercando su rostro peligrosamente.
La tensión acumulada de dos mundos opuestos —la estricta disciplina militar y el caos absoluto del crimen organizado— estalló en un beso rústico, desesperado y hambriento. Yamazaki la besó con la misma fuerza con la que vivía, y Whip, cansada de ser un peón en experimentos y guerras corporativas, se dejó llevar por la brutal honestidad de ese momento. Sus manos se soltaron de las cadenas del deber para enredarse en la ropa del otro.
Se refugiaron en el interior del taller abandonado, lejos de las miradas del mundo. Allí, entre el olor a metal y la tormenta repicando en el techo, consumaron un encuentro íntimo, clandestino y feroz. No hubo palabras de ternura, sino una entrega absoluta nacida de la adrenalina y la soledad compartida.
Al amanecer, la lluvia había cesado. Whip se vistió en silencio, observando a Yamazaki, quien fumaba un cigarrillo apoyado contra la pared, mirándola con una calma inusual en él. Ambos sabían perfectamente lo que significaba: él era un criminal vinculado a la mafia y al poder de Orochi; ella era una agente secreta con un pasado trágico que ocultar. Si sus respectivos bandos descubrían esto, los considerarían traidores.
—Esto no vuelve a pasar, Yamazaki —dijo Whip, ajustando su uniforme militar con manos firmes, aunque su corazón dictaba lo contrario.
—Di lo que quieras, muñeca —respondió él, soltando una bocanada de humo y dedicándole una sonrisa de medio lado—. Pero en South Town, la noche siempre vuelve.
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Inseparables en el Abismo
Action"En este basurero de ciudad, sobrevivir significa golpear primero".Esas fueron las últimas palabras que Ryuji Yamazaki le susurró a Whip antes de que ambos cayeran inconscientes en la arena de King of Fighters. Un combate tan real, brutal y destruct...
