- ᴘʀᴏʟᴏɢᴏ

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- Antes de darnos cuenta

Hay personas que aparecen en nuestra vida de una manera tan sencilla que, cuando intentamos recordar cómo comenzó todo, resulta imposible encontrar un momento exacto. No existe una fecha importante, ni una primera conversación que parezca especial, ni una razón concreta para explicar por qué, entre tantas personas, terminaste acostumbrándote precisamente a una. Simplemente sucede. Un día estás sentado solo y al siguiente alguien ocupa el asiento de al lado.

Al principio apenas le prestas atención, después comienzan los saludos, luego las conversaciones, descubres que tienen cosas en común y, cuando finalmente quieres darte cuenta, esa persona ya forma parte de tu rutina.

Para Kuroo Tetsurō, esa persona siempre había sido Kenma Kozume. Se conocían desde hacía tantos años que Kuroo había dejado de recordar cómo eran sus días antes de él. Kenma estaba presente en casi todos sus recuerdos importantes, aunque muchas veces no hiciera absolutamente nada para destacar en ellos. Estaba ahí y eso era suficiente.

Kuroo recordaba haberlo conocido cuando eran niños. Kenma era pequeño, callado y bastante difícil de impresionar. No hablaba demasiado y parecía más interesado en sus propios pensamientos que en cualquier cosa que ocurriera a su alrededor. Kuroo, por supuesto, había decidido que eso era un desafío. Comenzó a molestarlo, después a hablarle, después a invitarlo a jugar y, sin darse cuenta, terminó convirtiéndose en su mejor amigo.

Con los años, aquella amistad se volvió una parte natural de sus vidas. Kuroo sabía cuándo Kenma estaba cansado incluso antes de que este dijera algo. Sabía cuándo quería irse de un lugar, cuándo estaba aburrido, cuándo una conversación le estaba agotando la paciencia y cuándo simplemente necesitaba quedarse tranquilo.

Kenma también conocía demasiado bien a Kuroo. Sabía cuándo estaba fingiendo estar tranquilo, sabía cuándo una sonrisa suya significaba que estaba planeando alguna tontería, sabía cuándo estaba molesto aunque intentara disimularlo y sabía perfectamente cuándo Kuroo estaba a punto de quitarle la consola.

-Devuélvemela. -Llevas tres horas jugando. -No. -Sí. -No. -Kenma. -Kuroo.

Aquella discusión podía repetirse durante varios minutos sin llegar absolutamente a ninguna parte. Y, de alguna manera, siempre terminaba igual: Kuroo se quedaba con la consola, Kenma se enfadaba y diez minutos después estaban hablando como si nada hubiera ocurrido. Era una dinámica extraña, pero era su dinámica.

En el instituto tampoco eran particularmente difíciles de encontrar. Si alguien veía a Kuroo, probablemente Kenma no estaría demasiado lejos. Y si alguien buscaba a Kenma, bastaba con preguntar por Kuroo. No porque hicieran todo juntos, de hecho eran bastante diferentes. Kuroo podía pasar horas hablando con sus compañeros, haciendo bromas, discutiendo durante los entrenamientos o simplemente buscando alguna manera de molestar a alguien. Kenma prefería sentarse en un rincón con su consola y esperar pacientemente a que el mundo dejara de hacer ruido. Aun así, Kuroo siempre terminaba acercándose.

Kenma solía mirarlo con expresión cansada y, aunque casi siempre decía que no, terminaba siguiéndolo. Quizá porque Kuroo sabía insistir o quizá porque, en el fondo, Kenma tampoco tenía demasiados problemas con estar junto a él.

Su amistad no necesitaba demasiadas explicaciones. No tenían que hablar constantemente ni necesitaban estar juntos cada segundo. Podían pasar una tarde entera sentados en la misma habitación sin decir una sola palabra y ninguno de los dos sentiría que algo estaba mal. Para ellos, el silencio nunca había sido incómodo, era simplemente otra forma de compañía.

El instituto seguía avanzando alrededor de ellos. Los días se llenaban de clases, entrenamientos, exámenes y tareas que ninguno quería hacer. Había días buenos, días aburridos, días en los que Kuroo quería salir corriendo del salón y días en los que Kenma solo quería llegar a casa y encerrarse a jugar.

Y luego estaban las tardes después del entrenamiento. Esas eran diferentes. Cuando el resto del equipo se marchaba, Kuroo y Kenma solían caminar juntos hasta sus casas. A veces hablaban, a veces discutían, a veces Kuroo contaba alguna historia absurda mientras Kenma escuchaba sin responder y otras veces simplemente caminaban.

El camino no era largo, sus casas estaban cerca. Tan cerca que, después de tantos años, Kuroo había dejado de pensar en ello como algo especial. Era simplemente parte de su vida. Kenma era su vecino, su compañero de juegos, su mejor amigo, la persona a la que podía llamar cuando no tenía nada que hacer, la persona que probablemente ignoraría la llamada y luego le escribiría cinco minutos después preguntando qué quería.

Era algo sencillo, algo cotidiano, algo que ninguno de los dos cuestionaba. Porque cuando una persona lleva tanto tiempo a tu lado, es fácil pensar que siempre estará ahí.

Que mañana será igual que hoy, que la próxima semana será igual que la anterior, que seguirán caminando juntos después del entrenamiento, que Kuroo continuará molestando a Kenma, que Kenma continuará fingiendo que está harto de él, que las cosas seguirán exactamente como siempre.

Quizá ese era el problema de las cosas importantes. Nunca parecen importantes mientras están ocurriendo. Uno no sabe que está viviendo un recuerdo hasta que ya pertenece al pasado. Y, en aquel momento, Kuroo y Kenma todavía no lo sabían. Todavía eran dos estudiantes, dos mejores amigos, dos chicos que tenían todo el tiempo del mundo por delante.

Todavía quedaban entrenamientos, partidas, exámenes, tardes aburridas, caminatas de regreso a casa, conversaciones que ninguno recordaría años después y momentos que, sin saberlo, terminarían significando mucho más de lo que parecían.

Por ahora, todo estaba bien. El mundo seguía exactamente como debía. Kuroo seguía buscando a Kenma entre la multitud, Kenma seguía esperando que Kuroo dejara de molestarlo y ninguno de los dos se había detenido todavía a preguntarse por qué, entre tantas personas, siempre terminaban buscándose el uno al otro.

Más que amigos || KurookenStories to obsess over. Discover now