𝕮𝖆𝖕𝖎́𝖙𝖚𝖑𝖔 0 "𝕴𝖓𝖙𝖗𝖔𝖉𝖚𝖈𝖈𝖎𝖔́𝖓"

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Tarantulas cerró el cuaderno con cuidado y lo dejó sobre la estantería de piedra, junto a los viejos tomos de experimentos y mapas de la cueva. La tinta aún estaba fresca. Había escrito con la misma precisión con la que diseccionaba un circuito, pero esta vez las palabras no eran de ciencia.

Cuando te vi por primera vez en mis brazos supe que serías siempre mío.
Mi hijo, Ostaros... era un pequeño tan emocionante y fuerte, pero con una capacidad de ver el mundo tan llamativa. Me cautivaba su forma de pensar; era tan parecida a la mía. No podía dejar de imaginar cómo lo cuidaría hasta que fuera un adulto... y entonces, en esa etapa, lo transformaría en Predacon para vivir eternamente como padre e hijo. Después descarté ese plan. Vi un potencial demasiado hermoso en él para forzarlo.

Oh, mi pequeño Ostaros... tan adorable y tan divino. ¿Qué hice para merecerte?

Todo era bellísimo en nuestras vidas. Ostaros crecía lento, pero seguro. Hasta que llegó Prowl. Ese policía idiota de amor. Me trajo flores. Y al día siguiente, más. Y al siguiente. Cada puto y maldito día, hasta que le dije que no podía recibir más. Ostaros escuchó. Y empezó a hacerme collares de flores... y pulseras para él.
Prowl estaba perdidamente enamorado de mí. Yo no confiaba tan fácil en un Autobot. Ni siquiera sé por qué lo dejé entrar en la cueva.

Oh, mi bello Prowl... tan estricto y tan firme. ¿Qué hice para merecerte? No... no te merezco. O quizás sí.

Nunca supe cómo mirarlo: ¿como un posible compañero o como una amenaza para mi hijo? Prefiero no saberlo. Pero hay algo que no puedo explicar... ese sentimiento que me atraviesa cada vez que lo veo jugar con Ostaros. Se ven como padre e hijo.

Tarantulas se apartó de la estantería y caminó hacia el centro de la cueva. Allí, sobre un montón de musgo y pétalos secos, Ostaros reía mientras Prowl le ayudaba a terminarle una pulsera de flores blancas.

-¿No deberías irte ya a tu base? -preguntó Tarantulas, con voz firme.
Prowl se levantó sin prisa. Tomó la mano de Tarantulas y, con una calma insolente, le rozó los nudillos con los labios.

-Qué atrevido -murmuró el Predacon, aunque no retiró la mano.

-Me quedaré esta noche -respondió Prowl, con esa sonrisa de enamorado que nunca lograba disimular-. Quiero jugar un rato más con mi futuro hijo.

Tarantulas arqueó una ceja, fingiendo enojo.

-Estará dormido. Ya es su hora.-
Pero por dentro, una parte de él se preguntaba por qué los policías tenían que ser tan jodidamente guapos... y por qué se sentía tan lindo pensar en que Prowl quisiera quedarse.

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⏰ Ultimo aggiornamento: Aug 14 ⏰

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