Desde que era pequeña recuerdo que tengo una fijación por las personas que son de tallas grandes. Me encanta ver cómo acarician sus estómagos llenos de comida.
Yo era una chica muy delgada a inicios de la universidad pero cuando la pandemia llegó me alegré porque no tenía que socializar con nadie de mis compañeros.
Dejé de hacer ejercicio y dietas que tanto me gustaban para mantener mi cuerpo esbelto. Lo único que me dedicaba a hacer era comer, hacer tareas online, jugar juegos en la computadora, volver a comer y dormir.
Eso se convirtió en un ciclo vicioso que si soy sincera me encantó. Hasta que comencé a notar cambios en mi cuerpo. Primero algunas de mis playeras comenzaron a apretarme más en la zona del pecho. Lo ignoré porque era una zona que no me molestaba tener grande.
Después comencé a sentir que mis pants los llenaba de mejor forma por parte de atrás. Y lo dejé pasar. Pensé que era normal.
Los meses pasaron y yo seguí con la misma rutina. Hasta que llegó navidad, grandiosa navidad. Tenía una pequeña pancita colgando. Podía decir que había aumentado unos 6 kilos desde que había comenzado el confinamiento. No era demasiado pero si me veía diferente. Mi cara tenía los cachetes un poco más grandes.
La cena fue espectacular porque al estar confinados solo mis padres y yo compramos un pavo. Y fue espectacular porque ese pavo nos duró casi 5 días. Cinco días comiendo y cenando pavo, romeritos, pan (demasiado pan), y bacalao.
Una noche antes de dormir estaba demasiado llena. Acostada con las luces apagadas contemplé mi pequeña regordeta panza y me comencé a sentir excitada. No puedo describir con cuántas ganas me masturbé esa noche. Me encantaba mi nuevo cuerpo con 6 kilos de más. Quería crecer más. Quería ganar 26 kilos más. Quería tener rollitos en torso; quería sentirme tan agitada al subir las escaleras de mi casa; quería verme al espejo y no reconocerme.
Al día siguiente comencé a idear mi plan porque estaba en pandemia y no se veía que fuera a regresar a la facultad muy pronto, así que mi plan era pedir barras de chocolate por internet, esconderlas de mis padres y comérmelas.
Al abrir el navegador de mi computadora y buscar el sitio en el que iba a hacer el pedido. Una idea de comenzó a rondar en mi cabeza. ¿Qué tal si regresaba de nuevo a la universidad y yo estaba irreconocible? ¿Qué haré si me hacen burla por estar gorda?
Me puse tan nerviosa que decidí mejor no comenzar con mi plan. No podía hacerme eso, por más que me diera placer esa idea. Era arruinar mi cuerpo por placer.
Ese mismo día en la noche habíamos pedido pizza para cenar. Yo tomé 4 rebanadas de pizza y me subí a mi cuarto. Y comencé a comer. Eso me volvió a hacer sentir tan bien.
Al terminarme las rebanadas quería otras cuatro. Quería una pizza entera. Me comencé a frotar mi braga y sentí que ya estaba húmeda así que seguí. Al estar haciéndolo sentía como mis tetas se sacudían lentamente y como mi estómago lleno estaba tan duro. Comencé a agarrar este con mi otra mano y apreté hasta sentir que agarré una lonjita. Eso me excitó aún más. No podía parar. Estaba llegando al clímax. Y mi mente se volvió a inundar con ese pensamiento de la mañana. Ser más grande. Comer demasiado. Tener más grasa en mi cuerpo.
Mis piernas comenzaron a sacudirse frenéticamente, mis pies se arquearon, mis brazos se tensaron, y mi mano derecha comenzó a sentir más húmeda mis bragas. Podía sentir como si una explosión estuviese a punto de salir de mi entrepierna. Hasta que después me sentí tan relajada.
Ya acostada en mi cama reflexioné sobre qué era lo que quería hacer. La comida me hacía sentir tan excitada, y me encantaba sentirme de esa forma, pero no quería dañar mi figura. Más de lo que ya estaba dañada. Yo era la chica más delgada de mi curso, podía decir que me veía algo frágil. Creo que lo que llegué a pesar antes de que comenzara la pandemia fueron 45 kg. No soy una chica muy alta. Mido 1.60 y estaba algo baja de peso en ese entonces.
Era 29 de diciembre de 2020, tenía 19 años, y tomé la decisión ganar 5 kg más. Me convencí porque estaba en un peso muy bajo y no estaba mal ganar unos cuantos kilos. Y también pensé que yo no iba a ser la única en ganar un poco de peso. Todas las personas estábamos encerradas y no podíamos hacer otra cosa mas que comer, trabajar y dormir.
Desbloqueé mi celular y abrí la aplicación de entregas a domicilio y busqué cajas de chocolates. Lo primero que salió en la búsqueda fue una caja de 30 chocolates blancos de barra grande. Así que no dudé en comprarlos, ya que estaban en oferta. Y pensé que podría comerme un chocolate cada dos días. Que equivocada estuve.
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Chocolates de Pandemia
RomanceSarah es una chica que ha redescubierto su antiguo fetiche gracias a la pandemia. Ella quiere ver hasta donde es que puede llegar a pesar. •Esta historia contiene Feederism•
