Aquel mal día

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Era una de esas noches lluviosas que te hacían preguntar cuando se detendría el aguacero, no solo dificultaba el paso con el barro en los caminos, también dificultaba la visión y escuchar algún posible enemigo.

Un carro era tirado por dos caballos de pelaje crema a través de uno de los caminos principales hacia la ciudad capital, encontrándose en las colinas fronterizas del valle de Lewqui y Paradel.

Era resguardado por un pequeño grupo de soldados de armadura plateada. Sus armaduras adquirían un brillo llamativo con el agua y la luz de las antorchas.

Cada uno seguía de cerca el carro a pesar del peso de sus armaduras y armas. Espadas y alabardas.

Su misión era clara, defender a los pasajeros del carro.

En su interior oscuro, se oía un lamento con la voz quebrada de dolor. Un soldado cuyos ojos claros podían distinguirse gracias a la luz de la antorcha que sostenía se acercó para iluminar el interior y verificar el estado en el cual se encontraban los pasajeros.

Seis personas se encontraban adentro, empapadas por la lluvia, y manchas rojizas que se fueron difuminando con el agua. Pudo ver una anciana temblorosa sujetando una manta sobre su espalda para protegerse del frío, también una mujer que ocultó su rostro apenas notó que se acercaba una luz, un hombre se arañaba el rostro mientras sus ojos horrorizados se encontraban fijos en el suelo, a su lado otra mujer de cabellos rizados lo abrazaba mientras sollozaba de angustia. Finalmente bajo una manta, se encontraban dos gemelos de la misma edad, en silencio. Notó que el niño murmuraba algo en voz baja mientras su hermana trataba de sacudirlo.

El soldado estuvo a punto de llamar la atención de los pequeños cuando fue tirado hacia atrás con fuerza, de no haber puesto el pie derecho como soporte habría caído sobre el barro.

-Déjalos en paz, Gerold. -dijo el soldado que lo había apartado del carro.

-Lo siento, quería asegurarme del bienestar de los pasajeros.

-No lo están, y por ello es mejor dejarlos tranquilos. -apartó la mirada en dirección al valle de Lewqui.

La niña los observaba en silencio, sus pequeñas manos tomaban las de su hermano quien ya había conseguido calmarse un poco.

-Es la primera vez que sucede algo así. -mencionó un soldado quien iba atrás del grupo.

-Sabíamos que algo así ocurriría tarde o temprano.

-Pero no aquí, hasta donde escuché.

-¿Hubo ataques así antes? -preguntó otro que iba montado en un caballo sin perder la vista del camino.

El carro se detuvo de pronto, uno de los soldados quienes se encontraban en la vanguardia tenía el brazo levantado para detener el avance. Hubo un silencio.

Trataron de aguzar el oído para escuchar más allá del ruido de la lluvia, que producía un constante golpeteo al chocar contra las armaduras y el techo de tela del carro.

Un golpeteo lejano, acercándose, empezaba a distinguirse cada vez más, y eran varios.

-Lobos, al menos unos tres.

-Maldita sea, con toda esta lluvia no podremos hacerles frente con facilidad.

Los soldados se pusieron en formación, rodearon el carro y otros se acercaban a los caballos para defenderlos.

Fueron unos segundos de tensión hasta que escucharon los gruñidos del otro lado de una colina, luego un fuerte balido ahogándose.

-Cazaban una oveja, no están interesados en nosotros -exclamó un soldado mientras buscaba la mirada de sus compañeros.

ECARI Los SegadoresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora