Un apartamento monoambiente, desordenado, con decoraciones del cumpleaños de Leonardo y globos desinflados por todas partes. Quedaban restos de comida, vasos vacíos y música sonando a bajo.
Ingrid sostenía un vaso de plástico con un fondo de un líquido oscuro, moviendolo de un lado al otro frente a su rostro, con la mirada en cualquier parte. Le pidió a Penélope, balbuceando, algo para el dolor de cabeza.
-... Leo, no seas idiota. Se debe haber tomado, no sé, uno o dos vasos de ese cuba libre que hiciste -resopló Penélope, revolviendo con la mano el interior de su bolso.
-... Solo que no está acostumbrada.
Caminó entre botellas vacías rumbo al balcón hasta llegar junto a Ingrid.
-Parece que no lo conocieras, Peny. Tantos años y todavía te molestan sus bromas -soltó Nicolás en un tono plano, acostado en el sofá con un brazo sobre los ojos.
-No es eso, Nico. Solo que se pasa cuando está un poco bebido. Míralo, ni se puede mantener en pie -añadió Penélope, desviando sus ojos hasta la cocina.
Ella estiró el brazo y le entregó una pastilla a Ingrid, que seguía sentada en el sillón, junto a la ventana que daba con el pequeño balcón.
Penélope echó un vistazo hacia fuera un segundo. El cielo de un tono azul cada vez más claro.
Con un agarre suave pero firme, le quitó el vaso de la mano a Ingrid y le alcanzó una botella de agua mineral.
Luego, dio media vuelta y se quedó observando hacia la cocina. Con un gesto de su cabeza de un lado al otro, torciendo la boca. Inmediatamente, se dirigió hacia el sofá dónde estaba Nicolás.
-Espabílate hombre. Haz algo útil -exigió Penélope, dándole una palmadita en la cabeza.
-Ayúdalo, no ves cómo está recostado a la mesada. Se puede golpear con algo.
Nicolás se levantó arrastrando los pies. Tambaleándose, un poco entre paso y paso, hasta llegar a la cocina. Se paró frente a la barra.
-Vamos amigo... Ya cállate... No sigas diciendo tonterías de Ingrid -dijo Nicolás sonriendo, mientras se inclinaba hacia delante, extendiendo sus brazos.
-No sé por qué cada vez que tomas alcohol, te da por meterte con ella... Sí... sí, si las monjas la vieran ahora mismo, la mandarían de cabeza al confesionario... -soltó una carcajada-. ¿Qué dices?...
Regresó con lentitud a la sala, respirando sonoramente de tanto en tanto con los brazos tensos.
-Acuéstalo aquí -señaló Penélope hacia el mueble grande.
-¡Qué asco! -chilló ella -. Ponlo de costado y busca con qué limpiar ese vómito.
Nicolás avanzó al fregadero cogiendo un trapo, mientras hacía una seña con su dedo medio en dirección de Penélope, con una leve sonrisa.
En otro sillón frente al sofá, Penélope seguía con la mirada a Nicolás y murmuró algo con una mueca de sonrisa, cerrando los párpados. Se dejó caer y quedó en silencio.
Nicolás trapeó el suelo con movimientos lentos y colocó un balde de plástico al lado del sofá.
Luego, observó la habitación. Ingrid, en su sitio, mantenía los ojos cerrados. Penélope también. Se fue hacia el reproductor que sonaba de fondo, lo apagó y se retiró al cuarto.
El sol se veía en lo alto a través de la ventana de la sala. Nicolás, con el rostro lavado y ropa limpia, caminó a la cocina. Encendió la cafetera y preparó unas tostadas.
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Fuera de Cuadro
Mystery / ThrillerTodo ocurre frente a tus ojos. Solo hay una cosa que nunca podrás ver. La mañana después del cumpleaños de Leonardo, cuatro amigos intentan sobrevivir a la resaca entre bromas, silencios y viejas complicidades. A medida que avanza el día, cada conve...
