Hay noches en las que el silencio pesa más que cualquier grito.
Lorelei se quedaba mirando el techo de su habitación, contando las sombras que se movían con la luz de la luna. Todo a su alrededor era perfecto: las sábanas de seda, el perfume caro que flotaba en el aire, las fotos familiares enmarcadas en oro. Y, aun así, algo le faltaba. Algo que no sabía nombrar. Una sensación extraña, como si su vida hubiera sido escrita con una letra que no le pertenecía del todo.
A kilómetros de distancia, Mariela cerraba la puerta de su casa con cuidado para no despertar a nadie. El olor a comida recalentada y el sonido lejano de la televisión eran su canción de cuna. Se sentaba en el borde de la cama y miraba sus manos, callosas por el trabajo, preguntándose por qué a veces soñaba con lugares que nunca había visto y con una voz que no reconocía. Como si en algún rincón de su memoria existiera otra versión de sí misma.
Ninguna de las dos sabía que, en ese mismo instante, el destino estaba a punto de cruzar sus caminos.
Porque hay secretos que no mueren.
Solo esperan el momento exacto para despertar.
Y cuando lo hacen...
nada vuelve a ser igual.
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La Hermana Que Nunca Tuve
Non-FictionLorelei y Mariela tienen 18 años, viven en mundos completamente opuestos y nunca se han visto... hasta ahora. Una de ellas creció entre lujos, la otra entre sacrificios. Ambas sienten que algo falta, que hay un vacío que nadie puede explicar. Cuando...
