PRÓLOGO

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​El viento bramaba en plena noche transportando un aroma que cambiaría al mundo. Sombra alzó la cabeza y olisqueó el aire. El ser, de elevada estatura y aspecto humano salvo por el cabello turquesa y los ojos de color granate, parpadeó sorprendido. El mensaje era correcto, ¿o era una trampa? Con sospecha ordenó:

—Escondeos entre los árboles y atacad a todo lo que se acerque. ¡Hacedlo o morid!

​El olor nauseabundo golpeó sus fosas nasales, y se escondió detrás de los arbustos que invadían todo el perímetro del valle. Una criatura surgió ante sus ojos: de gran tamaño, con brazos fuertes y brutales dedicados a aplastar todo a su paso, cuernos pequeños y marrones enredados en su cabello sucio y grasoso, y un taparrabos de cuero.

​Los Gor'Vath avanzaban con fuertes pisotones que resonaban en el silencio de la fría noche. Llevaban espadas cortas y escudos de hierro redondos en los que habían pintado símbolos negros.

​Sombra miró al otro lado de un tupido árbol y buscó la pista. Estaba demasiado oscuro para la vista de un humano, pero para él la tenue luz de la luna era como si el sol brillara en lo más alto de las copas; cada detalle resultaba nítido y claro a su escrutadora mirada. El ser se quedó en absoluto silencio, con una espada larga en mano.

​Los Gor'Vath veían menos que Sombra, así que sus espadas revoloteaban entre los arbustos, buscando a sus presas como ciegos asesinos. Sombra permaneció en silencio un largo momento, ajustó su postura y se preparó para atacar.

​—Preparaos —murmuró, mientras un temblor le recorría el cuerpo. Trazó pequeños círculos con la punta de la espada. Le había costado muchas intrigas y mucho dolor llegar donde estaba ahora, y no pensaba perder el control precisamente en ese momento.

​Los ojos de los Gor'Vath brillaron bajo las espesas cejas mientras apretaban con fuerza la empuñadura de sus espadas. Delante de ellos, Sombra oyó un tintineo, como si algo hubiera golpeado una piedra desprendida. Unas manchas, apenas perceptibles, emergieron de la oscuridad y avanzaron por el sendero.

​Tres caballos blancos, con sus respectivos jinetes, avanzaban a medio galope hacia la emboscada. Orgullosos, mantenían la cabeza en alto, y el pelaje les brillaba a la luz de la luna como plata líquida.

​En el primer caballo iba un elfo de orejas puntiagudas. Llevaba tres imponentes espadas en la cintura y tres aretes dorados en su oreja izquierda. En el segundo, un elfo de increíble cabello dorado y cejas rizadas, erguido y con la frente en alto sobre su montura, con un arco y flechas colgados a la espalda.

​Y en el tercer caballo iba un joven de ojos grandes e intenso cabello negro de rizos muy suaves y brillantes, una cicatriz bajo su ojo, arco y carcaj a la espalda y, entre su vientre y el lomo del caballo, una piedra azulada, brillante y magnífica como un diamante en bruto.

​Los Gor'Vath rugieron, dejando a la vista sus horrendos colmillos amarillentos de suciedad y espantando a la mayoría de las aves que descansaban en sus nidos sobre los árboles. Una brisa fuerte y fresca arrasó con las hojas más sueltas, levantando una capa de polvo.

​—¡Kraesh Tal'Fyr! —conjuró el elfo de cabellos dorados, levantando una brillante llama ardiente en sus piernas y pateando desde su caballo a todos los Gor'Vath que se acercaban.
​Sombra sonrió; aquella piedra preciosa era lo que tanto había buscado. Salió de su escondite con un grito de guerra que asustó hasta al más fuerte, alzando sus brazos con furia.

—¡Salid a matar! ¡Traedme esa piedra preciosa o morid! —ordenó, y sus acompañantes salieron con orgullo, gritando y atacando a los Gor'Vath que los rodeaban para mantener a los tres elfos acorralados.

​La batalla avanzó rápidamente, y ya solo quedaban dos Gor'Vath y cinco de los acompañantes de Sombra, contándolo a él. Los elfos, exhaustos por la batalla, jadeaban con fuerza. El elfo de las tres espadas y el de ceja rizada protegían con furia al más pequeño de ellos, quien agarraba con toda su voluntad lo que aquellos seres tanto deseaban.

​—¡Torr'Khall! —invocó uno de los Gor'Vath, desatando una magia explosiva que levantó una mezcla de colores ardientes en el aire e incendió los imponentes árboles y arbustos a su alrededor.

​Gritos de dolor salieron de la boca ahora desencajada de Sombra al ver al elfo pelinegro correr por el valle incendiado, escapando.

​—¡Traédmelo! ¡Traédmelo! —gritó perdiendo la cordura. Había trabajado insaciablemente durante años solo para este día, y nada salía como quería. Sus acompañantes no podían ir tras el elfo, y la figura atlética de este se perdió entre los árboles.

​Solo quedó el murmullo de las hojas frescas de la primavera y el fuego ardiente quemando las carnes de los Gor'Vath y de sus acompañantes. Los otros dos elfos también habían desaparecido, dejando a Sombra solo en su desesperación.

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HEYY, aquí Zarin jsjsjs. Nueva historia próximamente! Les dejo el prólogo. Si alguien sabe hacer portadas y separadores, les ruego que me ayuden 🥹 no sé hacerlooo

Espero que les guste este prólogo. Dejen una estrella y un comentario ✨🫶

HECHIZOS:

Kraesh Tal’Fyr: Llama ardiente
Torr’Khall: Detona

DRAGÓN / LAWLU (PRÓXIMAMENTE) Stories to obsess over. Discover now