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La mañana sobre Buenos Aires era helada, la niebla tapaba las calles y el barrio estaba a oscuras. Apenas eran las 4 a.m. y Valentín Barco se estaba levantando para ir a trabajar, en su pieza dormía junto con su hermano menor.
Mientras el colorado se preparaba, ya iba despertando a Mateo, un niño de 6 años. Cuando salieron de la pieza, su madre ya estaba haciendo el desayuno para sus hijos.

Valentín la miro un segundo y soltó un pequeño suspiro, mientras se acercaba a ella y la abrazaba.

- Mamá, no tenías que levantarte. Yo podía hacerme cargo.- Dijo el colorado, mientras le preparaba un poco de leche a su hermano menor.

La mujer lo miró con una sonrisa suave y beso su cabeza, mientras le dejaba una taza con mate cocido y unos bizcochos salados recién hechos.

- Mí corazón, no siempre tienes que hacerte cargo de todo solo.- Dijo la mujer, mientras abrazaba a sus dos hijos y preparaba la mochila del más chico.

Cuando terminaron de desayunar cerca de las 4:55 a.m., Valentín levantó las tazas, las lavo y se despidió de su madre mientras cargaba a su hermano en sus brazos y salían de la casa para ir a la parada de colectivo.

Su barrio no era muy seguro, pero ya se conocían y sabían por dónde ir y a dónde no tenían que entrar. Cuando llegaron a la parada, el colorado se sentó y acarició la cabeza de su hermano mientras esperaban el colectivo.

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Por otro lado, tenemos a Nico Paz, un chico de clase alta, que nunca se preocupó por la plata, nunca le faltó nada y siempre tenía todo lo que quería con tan sólo marcar el número de su padre.

Eran las 6:00 a.m. y Nico recién se estaba despertando, su cama era la de un rey, tenía toda la ropa, sábanas y demás de marca. Cuando se levantó de la cama, sus sirvientes ya estaban preparando el desayuno y ya tenían la ropa planchada del rubio.
Éste se dirigió a desayunar, mientras revisaba instagram e ilusionaba a varias chicas.

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A las 6:30, el colorado estaba dejando a su hermano en la escuela y este se iba a trabajar. Había empezado a trabajar de mesero hace ya cuatro meses y aunque no era muy buena la paga, a él le servía para poder comprar las cosas que a su hermano le pedían y para poder ayudar a su madre a pagar una parte de las cuentas.

Aquel lugar se llenaba y eso era bueno, pero lo único malo era el trato de los clientes hacía los meseros. Valentín no era de quedarse callado y siempre peleaba con los clientes porque querían pasarle por encima, pero el dueño del local le tenía un cariño al colorado como si fuera su hijo, así que siempre intervenía y lo ayudaba.

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Cerca de las 9:30, el colorado se dirigió a la universidad, él había conseguido una beca y eso era lo que lo ayudaba a seguir estudiando. Apenas llego a la universidad, ya habían un montón de chicos entrando y hablando entré si.

Julián Álvarez, un chico cordobés que también había conseguido una beca, lo estaba esperando apoyado en el pilar con una sonrisa suave y con aquellos ojos brillantes.

El colorado abrazo a su amigo y entraron juntos a la universidad, mientras iban hablando de cómo les había ido trabajando.

Por otro lado, estaban Enzo y Nico rodeados de chicas que les abrazaban los brazos y trataban de llamar la atención de ellos.

Mientras caminaban por los pasillos, la risa de aquel colorado resonó en los pasillos. No era tan formal, pero era hermosa y tenía esa pizca que a cualquiera haría caer. Por otro lado, Julián era ese chico tranquilo, cariñoso y con una sonrisa hermosa y angelical.

A dos pasos lejos de vosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora