El sonido de la alarma llenó la habitación.
Una mano salió lentamente de entre las sábanas y apagó el reloj. El silencio regresó por unos segundos.
La luz de la mañana se filtraba entre las cortinas, iluminando parte del escritorio y el uniforme cuidadosamente doblado sobre una silla.
El joven se incorporó despacio.
Antes de hacer cualquier otra cosa, se detuvo frente al espejo. Pasó una mano por su cabello, acomodando algunos mechones que sobresalían. Observó su reflejo unos instantes y sonrió con satisfacción.
Después salió de la habitación.
El aroma del desayuno recorría la casa.
-Buenos días.
-Buenos días.
Tomó asiento y comenzó a comer mientras la televisión permanecía encendida con las noticias de la mañana. Nadie hablaba demasiado. No era un silencio incómodo; simplemente era la costumbre.
Cuando terminó, tomó su mochila y salió.
Un automóvil ya lo esperaba frente a la entrada.
Durante el camino, observó la ciudad a través de la ventana. Los negocios comenzaban a abrir, los semáforos reunían largas filas de vehículos y los estudiantes caminaban apresurados por las veredas.
Poco después, el automóvil ingresó por el enorme portón del colegio.
Los jardines estaban impecables. Algunos estudiantes caminaban rumbo a sus aulas; otros conversaban cerca de las canchas mientras aprovechaban los últimos minutos antes de iniciar las clases.
Al bajar del automóvil, varias personas levantaron la mano para saludarlo.
-Buenos días.
Él respondió con una leve sonrisa.
Unos pasos más adelante, otro estudiante hizo lo mismo.
-¡Hola!
Respondió con un pequeño movimiento de la cabeza antes de seguir caminando.
Los pasillos comenzaban a llenarse. Se escuchaban risas, conversaciones y el sonido de los casilleros abriéndose.
Mientras avanzaba, un balón de vóley rodó hasta quedar frente a sus pies.
Lo detuvo con suavidad.
-¡Gracias!
Sin decir nada, lo devolvió de un ligero toque.
Continuó caminando.
Subió las escaleras del edificio principal y llegó al segundo piso.
Desde el pasillo podía verse gran parte del campus. La brisa movía lentamente las ramas de los árboles, y por un instante todo parecía ir más despacio.
Entró al salón.
Algunos compañeros conversaban, otros revisaban sus apuntes y unos cuantos seguían distraídos con sus teléfonos.
Dejó la mochila junto a su asiento, cerca de la ventana.
Todavía faltaban unos minutos para que comenzaran las clases.
-Jiho.
Una voz lo llamó desde la puerta.
Giró lentamente.
Era uno de sus compañeros.
-¿Hoy sí irás al entrenamiento después de clases?
Jiho lo observó unos segundos antes de responder.
-Sí... esta vez sí.
Su compañero sonrió.
-Perfecto. Entonces nos vemos en la cancha.
Cuando volvió a mirar por la ventana, el cielo seguía completamente despejado.
Aún no lo sabía, pero aquel día sería el primero de muchos cambios.
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Entre sombras y silencios
RomanceHay personas que llegan para cambiar tu vida. Otras, para enseñarte a dejar ir. Y algunas aparecen cuando menos lo esperas. Entre los pasillos de un prestigioso colegio, el silencio, la lluvia y los sentimientos comenzarán a entrelazarse en una hist...
