We've updated our Content Guidelines.
Review the latest guidelines to keep sharing stories safely.

PRÓLOGO

12 3 0
                                        

Siempre me dijeron que había cosas que los demás no podían entender. Que ciertos juegos eran peligrosos, que ciertas miradas eran demasiado intensas, demasiado frías. Pero yo nunca escuché esas advertencias... o, mejor dicho, nunca me importaron.

Desde que era pequeña, jugaba con los muertos. No era algo morboso ni extraño para mí: era normal. Mi padre trabajaba en la morgue, y mientras los demás niños jugaban a la familia o a esconderse en el patio, yo aprendía a caminar entre cuerpos fríos, a tocar manos que ya no sentían, a escuchar sus silencios y a hablarles como si respondieran.
Nunca sentí miedo. Solo sentí curiosidad. Y, de alguna manera, la muerte se convirtió en un juego, un secreto que nadie más podía comprender.

Ahora, mientras la luz del atardecer se filtraba entre los árboles del cementerio, sentí esa misma calma inquietante que me acompañaba desde niña. Las lápidas gastadas, el olor a tierra y flores marchitas... todo me resultaba familiar y extraño al mismo tiempo. Caminaba entre ellos con pasos ligeros, mis ojos miel absorbiendo cada sombra, cada detalle, mientras el mundo seguía su ritmo al otro lado de los muros.

Y entonces lo vi.

No estaba allí para mí. No todavía. Solo era un destello en la distancia, una figura al borde del camino, lo suficientemente cerca para que algo en mi interior se moviera, pero lo suficientemente lejos para que mi curiosidad lo mantuviera seguro. Cabello oscuro, mirada intensa, como si intentara descifrar lo que nadie le había contado. No dijo nada. No tenía que hacerlo. Solo estuvo allí, observándome.

Quizás alguien pensaría que sentí miedo. Que un extraño me inquietó. Pero yo no sentí miedo. Solo lo estudié, igual que estudiaba a los cuerpos fríos de la morgue: con interés y distancia, sin prisa, sin expectativa. No sabía quién era, pero ya me resultaba... interesante.

Desde pequeña aprendí que la muerte no se teme. Que lo que parece oscuro, muchas veces, solo está esperando que alguien con ojos suficientes lo vea. Y mientras lo observaba desaparecer entre las sombras del cementerio, algo me decía que esta vez, la vida había decidido comenzar a jugar conmigo de manera diferente.

Y yo, como siempre, acepté el juego

INEFABLE Stories to obsess over. Discover now