Concentración.
Silencio.
Mis pies descalzos corren por un pasillo frío e iluminado con fluorescentes que agrandan la sombra de mi silueta al pasar.
Mi objetivo es claro. Tengo que correr hasta llegar a los muros. Tengo que salir de aquí.
La sangre bombea mi cabeza impidiéndome escuchar con claridad mi entorno. Soldados me persiguen mientras la alarma se activa y todo el cuartel comienza a prepararse para un cierre hermético que impedirá mi salida al exterior. Pero he de ser más rápida que ellos.
Soy más rápida que ellos.
Esquivo con precisión y velocidad cada bala disparada contra mi espalda mientras contengo el aliento y me impulso para tratar de buscar un agarre o manivela para poder maniobrar. Entonces consigo fijar mi vista en el final del pasillo. La puerta principal. Un marco de escapatoria por el patio central de entrenamiento.
El ruido blanco de mi cabeza se vuelve más rápido. No puedo permitirme mirar atrás, pero la inercia de desconocer contra cuántos soldados me enfrento aumenta mis pulsaciones. Sigo esquivando las balas y contraatacando con todo aquel material de entrenamiento que encuentro a mi paso. Pero si quiero escapar, necesitaré una salida, una cuerda, y mucha ayuda de los dioses.
Estoy tan cerca de la puerta que comienzo a observar cómo desciende la persiana metálica tras haberse activado la alarma y las pocas posibilidades de llegar al patio que tengo. Pero si consigo deslizarme y pasar, habré dejado atrás a mis persecutores y tendré una mínima posibilidad.
Aprieto los puños clavando mis uñas en las manos; las marcas de medialunas en las palmas son una consecuencia más de mi entrenamiento. Y entonces flexiono las rodillas en una posición que me permite deslizarme por el suelo hasta atravesar la puerta justo a tiempo de que la persiana metálica descienda dejándome en el patio central y habiendo huido de mis captores.
Me duele todo el cuerpo por la caída. Mi camisón está destrozado y mis piernas llenas de rozaduras por el impacto, pero no tengo tiempo de observar mis magulladuras ahora. Tengo que escapar.
El patio está repleto de soldados buscándome entre la oscuridad mientras yo me camuflo entre el material de entrenamiento y las sombras de la noche. Mientras voy recopilando todas las armas posibles en un pequeño tahalí. Un puñal, una cuerda y una espada. No es mucho pero servirá.
El silencio se apodera del patio central. Pero mis ojos están en los muros altos que lo recubren. No podré hacerme con un caballo y huir por las alturas, mi única opción es saltar los muros y huir corriendo, aunque eso sea la opción más peligrosa.
El patio central está rodeado de pilares que dan acceso a una serie de asientos. Un coliseo donde cada entrenamiento ha sido vigilado como una pelea romana. Como si yo fuera el león.
Observo la esquina menos vigilada y sin tiempo de pensarlo demasiado me impulso a saltar por los pilares y correr por el patio de butacas exponiéndome al resto de soldados. Esquivo las balas de la distancia mientras de frente solo tengo la opción de un combate cuerpo a cuerpo contra tres de ellos. Tres hombres que me doblan en altura, edad y experiencia. Será sencillo.
Sonrío mientras me abalanzo sobre ellos con precisión mientras repito en mi cabeza que voy a salir de aquí. El puñal en la mano acaba atravesando el costado del primero mientras los otros dos se aproximan a mí. Pero con un salto lateral los esquivo y atravieso con la espada. Diez segundo. La pelea ha terminado.
Agarro la cuerda creando una correa lo bastante estable como para que se convierta en mi más fiel aliada de huída. Y sin pensarlo, me impulso de nuevo contra los muros más altos del cuartel, escalando a través de pequeñas piedras salientes de la estructura mientras el sonido de las balas chocando contra la estructura se hace cada vez más fuerte.
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AETERNA
RandomSoy un arma. No recuerdo más, no sé más. Mi cabeza es un puzzle inconexo de imágenes y memoria muscular. La sangre bombea mi memoria mientras corro buscando respuestas, salidas, refugio. ¿Qué soy?¿Quién soy? Pero la libertad es algo más complicada q...
