El despertador sonó dos veces antes de que Dinora lo apagara sin abrir del todo los ojos, pero su cuerpo se sentía listo para empezar con el día. Estaba lista como de costumbre, zapatos cómodos, cabello suelto cayendo libre por su espalda.
Se movía fácilmente dentro del pequeño espacio de su casa, con la familiaridad que le hizo ignorar cómo el grifo de la cocina goteaba constantemente sin importar qué tanto ella lo cerrara; cómo el zumbido del refrigerador se podía escuchar desde la sala mientras ella tomaba sus llaves, el sonido del lugar que había sido su hogar el último año y medio.
Al salir el sol no se sentía con la misma intensidad de siempre, aun era temprano, y sumado a eso el verano estaba acabando. Dinora frotó sus manos mientras caminaba por la acera, viendo cómo al otro lado de la calle frente a su casa, su vecino Simon estaba saliendo también, sus botas marcando su paso al acercarse a su camioneta. Un hombre a principios de la mediana edad, siempre callado, pero buena persona, al menos en las interacciones que Dinora ha tenido con él.
Cuando sus miradas se cruzaron, Dinora sonrió.
—¡Buenos días! —dijo ella con su tono ligeramente alegre de siempre, como si el ánimo le viniera tan fácil.
Simon no respondió, no con palabras, él muy rara vez hablaba, lo suficiente como para que ella no esperara escuchar nada de vuelta. Verlo asentir hacia ella silenciosamente junto con el breve movimiento de su mano era suficiente, y se puso en camino hacia el trabajo, ignorando cómo el hombre se le había quedado viendo un poco más mientras ella se alejaba, sus ojos avellana trazando su figura de manera casi pensativa, antes de volver a sus asuntos.
El sonido de los pájaros era calmante, junto con sus propios pasos, Dinora estaba casi relajada, incluso cuando ella misma sabía que una vez en Heart & Home, su jefa Amanda preguntaría otra vez sobre su situación legal.
Ella sintió el peso de su visa en su cartera como si cargara un yunque, aún tenía fe de que todo fuera bien, aún si los términos de inmigración eran cada vez más exigentes, estaba segura de que con sus esfuerzos por ir por la regla todo iría bien.
Al llegar a la esquina de la cuadra, ella se detuvo al escuchar el familiar sonido del motor de una camioneta. Girando su mirada se encontró con ese azul marino de la Ford Ranger que Simon conducía, el motor de los '90 siempre sonando tan bien cuidado, casi tan silencioso como él.
Dinora se detuvo al ver que él bajó el vidrio, e inclinándose ligeramente, ambos se miraron por un breve momento antes de que él hablara al fin.
—¿Dónde vas? —Su voz era grave, pero serena en cierto modo, acarreando ese tipo de tono que viene de no hablar por un buen tiempo.
Dinora alzó una ceja, mirando alrededor ligeramente, él nunca le había preguntado por sus asuntos antes. Pero no encontró problema en responder.
—Iré a esperar el transporte para el trabajo.
Simon la miró detenidamente por un par de segundos, antes de asentir, y quitando el seguro de la puerta hizo un gesto ligero con la mano.
—Yo te llevo —dijo él, pero fue hasta que lo dijo que se dio cuenta de que su propuesta había sonado como una orden, y rascándose la barba añadió en un tono un poco más callado—, si quieres.
Ella sonrió entonces, apreciando el gesto que le vino como anillo al dedo, ya que esperar el transporte publico y el uso de este no la dejaba tan cerca, teniendo que caminar un par de bloques más todos los días.
—Oh, por supuesto, gracias.
Dinora movió su mano para tocar la manija, pero Simon ya había hecho lo mismo, abriendo la puerta desde dentro, empujándola ligeramente para dejarla entrar.
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Volverme la señora Dessler
RomanceCuando su visa está a punto de expirar, Dinora Cerinza solo tiene una opción desesperada: tocar la puerta de su vecino y pedirle matrimonio. Simon Dessler no tiene ninguna razón para aceptar. Es callado, solitario, mayor que ella por más de una déca...
