Capítulo 1
"Los nuevos comienzos siempre dan miedo... pero también pueden cambiarte la vida."
Estaba sentado en la sala de embarque del aeropuerto de Madrid, con la mochila entre las piernas y el corazón latiéndome a mil por hora. Tenía 21 años y estaba a punto de vivir uno de los momentos más importantes de mi vida. El vuelo a Buenos Aires salía en menos de una hora y yo no podía dejar de mover las piernas. Miraba la pantalla con el número de vuelo y respiraba profundo, tratando de calmarme.
Mi mamá me abrazó fuerte por tercera vez, con los ojos llenos de lágrimas que intentaba disimular.
—Cuídate mucho, mi vida. Comé bien, dormí lo suficiente y llamame apenas llegues, ¿sí? No importa la hora —me dijo con la voz entrecortada.
—Dale, mamá. Te prometo que voy a estar bien. No te preocupes por nada —respondí, apretándola fuerte contra mí. Sentía el nudo en la garganta creciendo.
Mi viejo, con esa mirada orgullosa que siempre me daba fuerza, me dio una palmada firme en la espalda.
—Mostrales quién sos, Nico. Esta camiseta es pesada, pero vos podés con ella. Estamos muy orgullosos de vos, hijo.
—Gracias, viejo. Los voy a hacer quedar bien, te lo juro —contesté, tragando saliva.
Mis amigos más cercanos también estaban ahí. Nos dimos un abrazo grupal lleno de risas nerviosas y puteadas cariñosas para aflojar el momento.
—No te olvides de nosotros cuando seas titular fijo, eh, estrella —bromeó uno de ellos.
—Imposible olvidarme de ustedes, chicos. Les voy a mandar fotos desde el predio todos los días —les dije riendo, aunque por dentro estaba hecho un nudo.
Después de las últimas fotos, recomendaciones y abrazos, pasé el control de seguridad. Mientras esperaba para embarcar, me quedé mirando por la ventana los aviones iluminados en la noche. Pensaba en todo lo que dejaba atrás: mi rutina en España, los entrenamientos con el club, la comodidad de casa. Pero sobre todo pensaba en lo que venía. La Selección Argentina. El sueño de toda la vida.
El vuelo fue largo y apenas dormí un par de horas. La cabeza no paraba de dar vueltas. Cuando finalmente aterrizamos en Buenos Aires era de madrugada. El aire fresco de la madrugada me golpeó la cara apenas bajé del avión. Pasé migraciones, recogí el equipaje y un auto de la AFA ya me estaba esperando. Me llevaron directo al hotel.
Tiré las valijas en un rincón de la habitación, me duché rápido con agua caliente para sacarme el cansancio del viaje y me desplomé en la cama. Me dormí casi al instante, exhausto pero con una sonrisa.
(...)
Al día siguiente me desperté temprano, cerca de las 8 de la mañana. La luz entraba por las cortinas y por un segundo me quedé quieto en la cama, procesando dónde estaba. Estaba en Argentina. En la concentración de la Selección. Me estiré, sentí el cuerpo todavía pesado por el viaje y me levanté. Fui al baño, me lavé la cara y me miré en el espejo.
—Hoy es el día, Nico. No la cagues —me dije en voz baja.
Me duché con calma, me vestí con ropa cómoda de entrenamiento y bajé al buffet del hotel. Pedí café con leche bien cargado, medialunas calentitas con dulce de leche, jugo de naranja recién exprimido y un bowl de fruta con yogur. Comí despacio, disfrutando cada bocado. Mientras desayunaba pensaba en la rutina que me esperaba. Estaba nervioso, pero también muy ilusionado. Quería causar buena impresión, integrarme rápido y demostrar por qué me habían llamado.
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Nunca Fuiste Vos
FanfictionNicolás Paz llega a la selección Argentina con un solo objetivo:demostrar que merece más que nadie estar ahí. Lo que no se esperaba era encontrarse con Lisandro Martinez, un defensor exigente, orgulloso y completamente insoportable... o al menos es...
