La lluvia había empezado hacía casi una hora y todavía no parecía tener intención de detenerse.
Las gotas golpeaban el parabrisas con una insistencia constante mientras el limpiaparabrisas iba y venía, dejando apenas unos segundos de claridad antes de que el vidrio volviera a cubrirse de pequeñas líneas de agua.
Megan llevaba demasiado tiempo manejando.
No sabía exactamente cuánto.
Ese pensamiento apareció de repente, como una molestia que llevaba varios minutos intentando ignorar.
Miró el tablero, después el camino y volvió a mirar el reloj digital del auto.
17:30.
No era una hora extraña.
No había nada especial en ese número.
Sin embargo, algo en ella le hizo sentir que llevaba más tiempo del que debería conduciendo.
Había salido sin planearlo demasiado.
No había armado una valija, no había trazado una ruta ni había elegido un destino.
Simplemente había tomado las llaves, subido al auto y empezado a avanzar.
A veces uno no se va porque sabe adónde quiere llegar.
A veces se va porque quedarse en el mismo lugar empieza a sentirse imposible.
La radio emitía una mezcla de estática y fragmentos de voces que aparecían y desaparecían entre el ruido de la lluvia.
Megan giró la perilla buscando alguna estación, pero solo consiguió que el sonido empeorara.
-Perfecto.
Golpeó suavemente el botón de apagado.
El silencio que quedó dentro del vehículo fue casi inmediato.
Demasiado inmediato.
Durante unos minutos solo escuchó el motor y sus propios pensamientos.
Por eso volvió a encender la radio, aunque la interferencia seguía siendo insoportable.
No era que le molestara el silencio.
Era que a veces el silencio dejaba demasiado espacio para recordar.
Apartó la mirada de la ruta durante apenas un segundo.
Cuando volvió a mirar hacia adelante, notó que algo había cambiado.
La lluvia había desaparecido.
No había escuchado cuándo había dejado de llover.
El asfalto seguía completamente mojado, reflejando las luces delanteras del auto, pero el cielo sobre ella permanecía inmóvil y oscuro.
Unos metros más adelante apareció una pequeña nube de niebla atravesando la carretera.
Megan redujo la velocidad.
Era normal encontrar niebla en ciertas zonas, pero aquella parecía demasiado densa.
No se movía como una niebla común.
Permanecía suspendida, extendiéndose lentamente hasta cubrir ambos lados del camino.
Pasó a través de ella.
Después apareció otra.
Y otra.
Hasta que la ruta quedó completamente rodeada por un blanco espeso que redujo la visibilidad a unos pocos metros.
BINABASA MO ANG
Megan
HorrorMegan despierta en una ciudad envuelta en una niebla de la que parece imposible escapar. No recuerda cómo llegó allí. Solo sabe que cada calle parece esconder un secreto y que cada puerta la acerca más a un pasado que intentó olvidar. Mientras busca...
