I. La cancha.

0 0 0
                                        

Era un sábado del mes de agosto. Habiamos ido a la casa de campo de mi abuela para celebrar un cumpleaños familiar.

Todo parecía tan tranquilo y aburrido...ese día. Mi tio, mi salvación al aburrimiento, avisó en voz alta:

-Nos vamos a la cancha, ¿Alguien quiere ir con nosotros?- preguntó a todos los presentes.

Él se iba a ir a una cancha de fútbol con su hijo, mi primo. De los presentes allí, solo los más aburridos y los que menos sabían de fútbol fuimos. Mi hermana mayor con su hija, mi hermano menor, el tío Martín y yo. En total fuimos 7 hasta el lugar.

Déjenme decirles que estar sentadas desde las 17:30 hasta las 21:30 fue una de las cosas que no estaban en mis planes a la hora de aceptar venir aquí. Ahora estoy sentada esperando a que mi tío por fin nos diga que nos vamos, las razones son obvias:

1. Me duele todo de tanto estar sentada.
2. Tengo unas terribles ganas de ir al baño.

Y no pienso pedir para entrar al baño de la casa que se encuentra a dos pasos de la cancha, me da vergüenza.

En esa espera donde estoy disociando la realidad, escuchó que al lado mio mi hermana y mi tío Martín están hablando de algo o de alguien mejor dicho:

-¿Ese no es el hermano de Cami?- preguntó mi hermana.

Cami era la novia del tío Martin, digo era porque falleció hace unos años. Era la mejor tía que pude tener, la amaba tanto.

-Si, Cael, se estiró eh- responde mi tio y se ríe.

Enfocó la vista hacia donde estaban mirando y lo veo: Un chico alto, pelinegro, con short deportivo, camiseta y unas zapatillas blancas. Al parecer estaba jugando en el partido y no lo había visto hasta ahora.

Maldito sea el momento en que escuche esa conversación, porque desde ese momento no me lo saque de la cabeza.

Perfecto Aroa, ahora tienes que fingir demencia.

Llegó el tio Jorge, con el que habiamos ido a la cancha y nos aviso que era hora de irnos.

Volvimos a la casa de mi abuela. Por ser sábado nos quedaríamos hasta el domingo por la tarde, así que dormiriamos allí.

No le di muchas vueltas al asunto en ese momento, me enfoque en cenar, bañarme e irme a dormir.

Si les dijera que amanecí de maravilla, les mentiría. Amanecí con terrible dolor de cabeza, creo que me ojearon...

El día transcurrió de lo mas normal, no pense en Cael en todo el día y llegada la tarde volví al pueblo, a mi casa.

_______________________

Agosto llegó a su fín y ni yo me creía el autocontrol que tuve en ese mes para no stalckear y revisar todo Instagram para encontrar el usuario de Cael.

Creo que ya estaba aprendiendo a gestionar mis emociones, como toda persona de bien. Que orgullo... que me duró exactamente una semana de septiembre.

Segunda oportunidadStories to obsess over. Discover now