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Antes de que todo se rompiera

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Al principio el amor no dolía.

Jennie y Lisa eran la pareja perfecta siempre cálidas, amorosas e inseparables. Cada una se enfocaba en su carrera, pero eso nunca les impidió llenarse de afecto. Lisa siempre fue amorosa y cálida; siempre le regalaba un refugio a Jennie y la esperaba despierta después de sus largas jornadas de modelaje. Su amor siempre fue la envidia de todos.

Todo comenzó cuando Lisa empezó con su empresa, siendo muy pequeña, con pocos socios y pocas finanzas.

-Amor, ¿aún sigues despierta? -habló Jennie mientras se acercaba a Lisa, quien estaba sentada en la sala con su portátil abierto y miles de papeles a su alrededor

-Necesito terminar, bebé. Son buenos socios, quizás esto cambie la empresa -respondió Lisa.

Y es que Lisa se había esforzado tanto para llegar lejos.

-Está bien, pero me quedaré contigo -Jennie se acercó y le dio un beso en la cabeza-. Traeré té.

Lisa solo sonrió.

Jennie siempre había estado a su lado. Se habían conocido en la universidad y había sido amor a primera vista. En ese tiempo, solo vivían en un pequeño apartamento con lo necesario, pero su amor y su compañía las hacían completamente felices.

Los primeros años fueron así tiernos mensajes, llamadas lindas, almuerzos acogedores y noches donde cada una se daba su apoyo.

Pero no todo duró. El último año, algo se rompió.

Lisa empezó a cambiar, quizás por influencia, quizás por ego. Empezó a llegar tarde, a no responder llamadas o a no darle importancia a su novia. Los primeros meses de ese año fueron así.

Eran las dos de la mañana y Lisa no llegaba. Jennie miró el reloj desde la sala de su casa; ya tenían una casa grande, inmensa, bonita y llena de lujos.
¿Dónde estás? pensó Jennie mientras miraba sus mensajes sin responder. La casa se sentía fría, sola; ya no era su hogar, y había aguantado tantas noches igual.

En otro lado de la ciudad, Lisa se encontraba con sus socios bebiendo.
-Te suena el teléfono -dijo Lee-. De nuevo tu novia intensa.

Lisa lo vio de reojo y solo alzó los hombros.

-Solo se cansará -dijo sin más, pero por dentro sentía una punzada de dolor y culpa.

Igual, no quería ser la gobernada, la que su novia manejara; por eso su ego era más grande que todo.

Otra noche sola, otra noche llena de excusas.

-¿Dónde estabas? -dijo Jennie mientras miraba cómo Lisa entraba tambaleándose.

-Por ahí -contestaba sin más, pasando de largo sin verla o saludarla.

Jennie sentía su corazón cada vez más roto. Se acostaba al lado de Lisa, pero esta solo le daba la espalda.

A la mañana siguiente, solo encontraba unas rosas y un papel donde decía Lo siento, no pasará de nuevo

Jennie soportó cada desplante, cada noche triste y cada mañana con promesas vacías.

Lisa solo quería seguir creciendo; su ambición de poder la tenía cegada y solo creía que seguir a los demás le daría más, sin darse cuenta de que estaba perdiendo lo más importante de su vida.

Hasta que una noche todo se rompió. Jennie estaba en un evento de modelaje y llegaría tarde. Estaba cansada, sus pies dolían mucho y solo quería llegar a casa para que su novia la llenara de mimos, aunque sabía que eso no pasaría.

Llegó tarde, aparcó su carro y salió de él con sus tacones en la mano..

Cuando estaba en la puerta, escuchó risas. Solo suspiró y abrió lentamente, temiendo lo que se iba a encontrar en esa sala. Su mundo se cayó, todo se quebró, todo dolió; su corazón terminó más que destruido con la imagen que tenía frente a ella.

Lisa estaba sentada en el sofá con una chica sobre sus piernas. La chica le estaba desabotonando la camisa, y Lisa la tenía tomada de sus caderas, sonriendo con sus mejillas sonrojadas.

El silencio de la casa se volvió ensordecedor. Los tacones que Jennie llevaba en la mano resbalaron de sus dedos, cayendo al suelo con un golpe seco que llamó la atención de las dos mujeres en el sofá.

Lisa levantó la mirada rápidamente. Al ver a Jennie parada en el umbral de la puerta, con los ojos llenos de lágrimas y el rostro completamente pálido, la sonrisa borracha se le borró de la cara en un segundo.

-¿Jennie? -susurró Lisa, la culpa golpeándola de golpe mientras intentaba apartar a la chica de encima de ella, tambaleándose por el alcohol.

La otra chica solo se acomodó la ropa, mirando la escena con incomodidad.

Jennie no gritó. No lloró con fuerza. El dolor era tan grande que ni siquiera le quedaba aire para reclamar. Solo miró a la persona que alguna vez había sido su refugio, su lugar seguro, y se dio cuenta de que esa Lisa ya no existía. Aquella chica amorosa que la esperaba con té caliente se había desvanecido por completo.

-No digas nada -dijo Jennie con la voz rota, dando un paso atrás hacia la salida
.
Lisa se paró inmediatamente del sofá y empezó a caminar detrás de Jennie..

-Amor, no es lo que parece... -decía con la voz temblorosa-. Esto fue un error, de verdad. Por favor, déjame explicarte.

Jennie simplemente negaba con la cabeza, sin poder emitir palabra. En vez de salir de la casa, caminó directo hacia las escaleras y subió al cuarto para empezar a empacar sus cosas. Lisa se fue detrás de ella, desesperada, entrando a la habitación mientras la veía abrir el clóset.

-Por favor, perdóname -le suplicaba Lisa con los ojos empañados-. Te lo juro que no va a volver a pasar. Fue un estúpido error... Yo te amo, te amo mucho, Jennie.

Jennie, con las lágrimas rodando por sus mejillas, no gritó ni se desesperó. Con una calma que dolía más que cualquier grito, la miró y habló con la voz entrecortada

-Ya no más, Lisa. Ya no aguanto más. He durado un año entero en la misma situación... y esto ya fue el colmo. Es mejor que terminemos con lo que alguna vez disfrutamos juntas. Es mejor dejarlo así.

Con esas palabras, Jennie le puso fin a su historia, decidida a no dar marcha atrás.

Lisa empezó a negar con la cabeza, llorando desesperada.

-Por favor, perdóname... -le rogaba-. Voy a cambiar, te lo juro. Esto fue un error, simplemente no es lo que parece.

Entonces, Jennie se paró de frente, ya con la maleta empacada, y le dijo

-Es mejor dejarlo todo hasta aquí. Te amé y te amo muchísimo con todo mi corazón, Lisa, pero no puedo soportar nada más de esto. Por favor, no me busques, no me persigas, no corras detrás de mí... porque va a ser muy difícil olvidarte, va a ser muy difícil arrancar todo el amor que tengo por ti. Simplemente hagamos como que esto nunca pasó y que nunca nos conocimos.

Y así, sin más, Jennie empezó a caminar hacia la salida. Lisa la seguía detrás, totalmente destrozada

-Por favor, amor, no te vayas... Yo te necesito.

Jennie se detuvo de inmediato, se dio la vuelta para mirarla a los ojos y sentenció

-Creo que necesitas más a tu empresa, tus negocios, tu ego y tus millones que a mí. Así que prométeme algo no me vas a buscar, Lisa. Si aún me amas, si aún sientes algo de amor en tu corazón -aunque lo dudo mucho, porque el amor es lealtad, el amor no es traición-, por favor, no me busques. Bloquéame de todos lados. No quiero saber nada más de ti.

Y con esas palabras, Jennie salió de esa casa, dejando atrás el pasado.

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