Sus ojos se abrieron con pesadez ante el incesante ruido de la alarma del teléfono. Alargo la mano con pereza hacia la mesita de noche, pero sus dedos no parecían encontrar nada. Frunció el ceño, alzó la mirada tratando de encontrar de donde provenía el ruido. El aparato vibraba insistente dentro de su mochila, olvidada a un lado de la ventana. Resignado, se levanto sintiendo el cuerpo pesado como el plomo, ¿Cuánto había dormido?¿una hora, talvez dos? No tenia la menor idea.
Tras apagar la alarma, unos toques suaves pero firmes a la puerta se hicieron presentes, desde el otro lado una voz áspera aunque serena perteneciente a un hombre mayor ya bien conocido por él, pregunto sobre la demora de su salida, advirtiéndole que el desayuno se enfriaba y que llegaría tarde a la escuela.
El joven soltó un suspiro de puro cansancio al confirmar la hora tan tarde en su teléfono. Alzando la voz, pidió al anciano que guardara la comida, prometiendo que saldría en seguida.
Sin embargo, a pesar de tener el tiempo contado, no metió prisa a su rutina. Se vistió con el uniforme escolar de manera pausada, perdido momentáneamente entre los reels de su Insta, después de plantó frente al espejo, donde lo esperaba todo el kit de maquillaje que su madre le había entregado. Al contemplar su reflejo pudo apreciar aquella singularidad que lo definía, una hermosa heterocromía entre café y ámbar. Un rasgo único que, por desgracia, era arruinado por la presencia de una enorme pero sutil cicatriz que surcaba sobre su ojo café, desde la ceja hasta el pómulo, enmarcada por unas profundas ojeras, consecuencia inevitable de su horario de sueño tan mediocre.
Se observo un momento más, preso del desgano. No era solo la falta de descanso físico, era el peso abrumador de lo que le esperaba al otro lado de la puerta. Estaba cansando por aquella rutina que ya podía realizar incluso con los ojos cerrados. De pronto, sintió la garganta seca y los ojos comenzaron a arderle. Se mordió la lengua para contener las lagrimas que amenazaban con desbordarse, restregándose el rostro con fuerza en un intento de alejar aquellos pensamientos negativos.
Terminó de arreglarse ocultando la cicatriz bajo capas de corrector y colocándose una lentilla que igualara el tono de sus ojos. Aunque sabia que todo ese esfuerzo acabaría oculto tras su flequillo morado, pero su madre jamás le permitiría salir de esa casa son haber cumplido con aquella rutina tan tediosa.
Y, como si la invocara con el pensamiento, el tac de sus tacones retumbaron dentro de la habitación. Con ayuda del reflejo del espejo logro ver como la figura esbelta y hermosa aparecía en el umbral de la puerta como la muerte misma.
—Luka, acaso has visto la hora?— Su voz salía con una calma gélida, recorriendo su espalda como el filo de un cuchillo. No se atrevió a responder, esperando paciente a que terminara de hablar. La mujer se acerco taconeando, se acerco desde atrás, inspeccionando que aquellas imperfecciones hubieran sido corregidas. — El chofer no te esperara todo el día. Apresúrate— Y así como llego, se fue.
—Si madre— fue todo lo que pudo salir de su boca, el joven se contemplo una ultima vez en el espejo, repudiaba el asqueroso parecido físico que tenia con su progenitora, pero no era momento de hundirse en el autodesprecio.
Al salir de su habitación pudo verla entrando a su oficina mientras hablaba por teléfono. Resultaba irónico, su madre era una mujer hermosa, relativamente joven y, si se trataba de trabajo, era una de las mejores empresarias y diseñadoras. Pero como madre... ni siquiera se le podría llamar de esa forma.
————》• ☆ •《————
—Llegamos Joven Cortez.
Salió del auto agradeciendo a Gerardo. Miraba la entrada que a esas hora se encontraba ya vacía.
Reacomodo su uniforme antes de entrar, dirigiéndose directamente a su salón, donde las clases ya se llevaban acabo.
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Nuestra historia
RomanceEsta historia es un proyecto personal. Es todo lo que tuvieron que pasar mis Oc's Luka y Motka antes, durante y después de ser pareja. -Portada en proceso. -Advertencia de mucho tiempo de espera entre capítulos xd.
