Introducción

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Hay personas que creen que las estrellas son solo enormes bolas de fuego perdidas en el universo.

Lía siempre sonreía cuando escuchaba esa explicación. No era porque estuvieran completamente equivocados. Era porque estaban muy lejos de conocer la verdad.

Cada estrella guardaba un recuerdo, una promesa, una despedida, un nacimiento, una vida.

Desde hacía siglos, ella contemplaba el cielo desde distintos lugares del mundo, asegurándose de que ninguna de aquellas luces olvidara el nombre que le pertenecía.

Era un trabajo silencioso.

Hermoso.

Y profundamente solitario.

Nunca había sentido envidia de los humanos. Ellos envejecían demasiado rápido, sufrían, lloraban, perdían a quienes amaban...

Pero también podían hacer algo que a los Tejedores les estaba prohibido.

Elegir.

Todo cambió la noche en que una estrella cayó antes de tiempo.

No era posible.

Jamás había ocurrido.

Sin embargo, allí estaba.

Descendiendo lentamente hacia la Tierra.

Y, sin saberlo, también hacia el muchacho que cambiaría el destino del cielo para siempre.

Cuando las Estrellas aprendieron a mentirHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora