El hombre de los ojos dorados
Dicen que los mellizos comparten un vínculo imposible de romper. En el caso de Sam y Dean Winchester, lo único que compartían era la fecha de nacimiento, Dean había llegado al mundo exactamente siete minutos antes, y llevaba dieciocho años aprovechando cada oportunidad para recordárselo a su hermano.
—Respeta a tu hermano mayor, Sammy.
Era una frase que Sam había escuchado tantas veces que ya ni siquiera respondía, sus personalidades no podían ser más diferentes.
Dean era extrovertido, carismático y el tipo de persona que parecía conocer a todo el mundo. Hacía amigos con una facilidad sorprendente y nunca ocultaba con quién salía; hombres, mujeres... simplemente nunca le había importado demasiado ponerles etiquetas a sus sentimientos.
Por suerte, Bobby Singer, el hombre que los había criado desde pequeños, tampoco veía ningún problema en ello. Para él solo existía una regla importante:
"Mientras seas feliz y no lastimes a nadie, esta casa siempre será tu hogar."
Sam, en cambio, era distinto, mucho más reservado, mucho más silencioso y mucho más difícil de conocer. Desde pequeño le había costado relacionarse con otras personas. Durante la preparatoria apenas había logrado hacer un solo amigo de verdad: Jeremy.
Pero Jeremy había conseguido una beca en otra universidad y, aunque seguían escribiéndose de vez en cuando, ya no era lo mismo.
Ahora ambos hermanos acababan de comenzar su primer año universitario, Dean parecía haber encontrado un nuevo grupo de amigos el primer día de clases, Sam seguía sintiéndose completamente perdido.
En ocasiones se acercaba al grupo de Dean para no pasar los descansos solo, pero las conversaciones siempre giraban alrededor de personas que no conocía, fiestas a las que nunca iba o bromas que simplemente no entendía, terminaba sonriendo por compromiso mientras deseaba estar en cualquier otro lugar.
Quizá por eso había encontrado un refugio, la biblioteca, era enorme, tan grande que estudiantes de prácticamente todas las carreras pasaban por ella a diario. Había interminables filas de estantes, pequeñas salas privadas para estudiar, escritorios escondidos entre enormes ventanales y rincones tan tranquilos que parecía imposible que existieran dentro de una universidad llena de vida.
A Sam le encantaba, allí nadie esperaba que hablara, nadie lo obligaba a participar en conversaciones incómodas, solo estaban los libros... y el agradable silencio.
Además, estudiar siempre había sido lo suyo, desde la preparatoria había ocupado los primeros lugares de su generación, y no parecía dispuesto a perder ese puesto ahora.
Aquella tarde caminaba distraído buscando un libro recomendado por uno de sus profesores, iba tan concentrado leyendo las referencias escritas en un papel que no vio el carrito metálico lleno de libros avanzando frente a él.
El choque fue inmediato, los ejemplares se movieron peligrosamente y Sam dio un paso hacia atrás, perdiendo el equilibrio, antes de que pudiera reaccionar, una mano sujetó con firmeza el carrito para evitar que todo terminara en el suelo.
—Hey, chico... ¿te encuentras bien?
La voz era tranquila. Grave. Extrañamente cálida, Sam levantó la vista y por un instante, su cerebro dejó de funcionar.
Frente a él había un hombre increíblemente atractivo. Alto, de piel clara y cabello castaño cuidadosamente peinado. Vestía completamente de negro con una elegancia natural, como si incluso permanecer inmóvil fuera parte de una coreografía perfectamente ensayada.
Pero lo que más llamó la atención de Sam fueron sus ojos, dorados, extraños, hipnóticos. Sintió que había olvidado cómo respirar, el desconocido inclinó apenas la cabeza, claramente esperando una respuesta.
—¿Estás bien?
Sam parpadeó varias veces antes de reaccionar.
—S-sí... yo... estoy bien.
El hombre soltó una pequeña sonrisa, apenas perceptible.
—Me alegra saberlo.
Sam bajó la vista de inmediato, avergonzado por haberlo mirado tanto tiempo, no sabía por qué, pero tenía la extraña sensación de que acababa de cruzarse con alguien que cambiaría su vida para siempre y ni siquiera conocía su nombre.
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Te encontré cuando estaba perdido
FanfictionUn accidente en la biblioteca. Un profesor demasiado atento. Y un estudiante que llevaba años sintiéndose solo. Sam Winchester jamás imaginó que una simple caída entre estantes llenos de libros cambiaría su vida por completo. Mientras intenta encont...
