-¿De verdad no me reconoces?
El hombre frente a él levantó la mirada.
Lo observó unos segundos.
Demasiados.
-Lo siento... ¿nos conocemos?
Y esa fue la primera vez que Lionel entendió que había perdido algo.
Porque durante años creyó que Guillermo si...
La primera vez que Lionel Messi escuchó hablar de Guillermo Ochoa pensó que no tenían absolutamente nada en común.
Uno venía de un mundo donde todo estaba planeado antes de suceder.
El otro parecía vivir como si cada día fuera una improvisación.
A Leo le molestaba la facilidad con la que Guillermo se acercaba a las personas. La manera en la que hablaba con cualquiera, cómo podía hacer reír a un salón entero y cómo parecía no importarle lo que los demás pensaran de él.
Era demasiado ruidoso. Demasiado confiado. Demasiado diferente. La verdad es que lo odiaba mucho. Pero no entendía qué le molestaba de él.
Y quizá por eso mismo terminó notándolo.
Porque en un lugar lleno de personas intentando demostrar que eran especiales, Guillermo era el único que no parecía estar intentando impresionar a nadie.
Solo era él.
Y Lionel todavía no sabía que algunas personas llegan a tu vida de la forma más inesperada.
Ni que, a veces, las personas que menos esperas terminan siendo las que más difíciles de olvidar.
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