*está hobra contiene escenas de violencia, asesinato, violación, etc. y lenguaje no apto para menores de 18+. Sele recomienda discreción al lector*
En la base secreta de los secuestradores reinaba un aire denso y viciado. Al menos cinco víctimas permanecían encerradas en una habitación sin ventanas, a oscuras, sin la menor posibilidad de escapar. Mientras tanto, los criminales bebían alcohol y fumaban hierba, y sus risas ásperas y descontroladas retumbaban en cada rincón del lugar.
De pronto, unos pasos lentos y pesados resonaron en el pasillo, como una advertencia silenciosa y peligrosa. Una figura oscura apareció en la penumbra. Era una mujer; no era alta, pero imponía una presencia amenazante, y sus ojos oscuros brillaban con una frialdad que prometía sangre.
-Buenas noches, caballeros. Es un placer conocerlos -dijo con calma.
El jefe de la banda se puso de pie de un salto, sacó su pistola y la apuntó directamente hacia ella.
-¿Quién demonios eres?
La luz de una linterna colgada en la pared iluminó su rostro. Era una joven de unos diecisiete años, de piel clara y con algunas imperfecciones que no le quitaban intensidad a su mirada. Vestía un vestido negro corto y ajustado, y su cabello oscuro caía suelto en ondas naturales sobre sus hombros.
-Soy la causa de su muerte. Disculpen, pero ya no son útiles -respondió, con una voz baja pero cargada de amenaza.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, un disparo sonó seco y certero, alcanzando al jefe justo en la entrepierna.
Los demás criminales, aturdidos por el alcohol y la droga, intentaron sacar sus armas, pero sus movimientos eran torpes. De detrás de la joven surgieron varias figuras cubiertas de negro de pies a cabeza. Mientras los secuestradores fallaban al disparar, ella extrajo un cuchillo y se abalanzó sobre el más cercano, clavándolo con destreza. En segundos, su rostro y sus manos quedaron manchados de sangre.
Mientras sus acompañantes terminaban con los que quedaban, ella se dirigió a la puerta cerrada donde estaban retenidas las víctimas y la abrió.
-Cinco personas en total: tres niñas de entre ocho y once años, una mujer de unos veinte y el objetivo principal -informó en tono técnico mientras revisaba el estado de todos-. Sufrió un golpe leve en la nuca y está inconsciente, pero todos siguen con vida.
Cortó las cuerdas que los ataban, y las niñas, temblando, se acercaron a ella. Con movimientos suaves, les cubrió los ojos con vendas para protegerlas de lo que habían visto.
-Tú -le ordenó a la mujer mayor-, levántate y llévalas todas hacia la salida. También lleva al objetivo. Afuera está el subcomandante; hay una ambulancia esperando y se encargará de devolverlas a sus hogares.
Uno de sus compañeros entró para acompañarlas hasta el exterior.
-Mi maldito trabajo aquí ya terminó -dijo ella, limpiándose la sangre en un paño-. Ustedes, que son tan útiles, encárguense del resto. Yo necesito descansar.
Salió del edificio. Afuera, un hombre la esperaba dentro de un sedán negro. Bajó la ventanilla trasera, abrió la puerta y le ofreció un pañuelo limpio.
-Tenemos que regresar a la base de operaciones -le informó-. Se ha convocado una reunión urgente y han pedido su presencia.
Ella tomó el pañuelo, se limpió las manos y el rostro, y subió al vehículo.
-Parece que ya nos tienen como esclavos -comentó con cansancio-. Lamento mucho que no puedas ir a pasar la noche con tu madre, William. Te pido una disculpa. En este momento, eres el único que puede seguirme el ritmo y ayudarme. De verdad, eres admirable.
William esbozó una sonrisa leve y encendió el motor.
-Señorita Elara, es un verdadero placer escuchar esas palabras de usted.
Elara respondió con una media sonrisa y se recostó en el asiento, intentando relajarse. Durante todo el trayecto, el interior del coche permaneció en silencio; solo se oía el ruido lejano de la calle.
Al llegar a la base, Elara soltó un gemido de dolor antes de toser un poco de sangre. William se puso en alerta de inmediato, bajó del auto y abrió su puerta con rapidez.
Ella se presionó el estómago con fuerza y bajó, ignorando su expresión de preocupación.
-No soy ninguna damisela delicada, así que deja de exagerar -le advirtió con sequedad-. Eres mi asistente personal y sabes perfectamente por qué me pasa esto. Ya deberías estar acostumbrado.
-Lo sé -respondió él con firmeza-, pero si a usted le pasa algo, sabe bien lo que ocurrirá, especialmente con Aurora y Emily. Tiene que cuidar su salud. Es solo un consejo, pero recuerde: es su cuerpo, sí, pero no solo su vida. Debe entenderlo.
Elara se detuvo y lo miró con una mirada helada que lo atravesó.
-Será mejor que no te metas en lo que no te importa. Después de esta reunión tendremos una charla, y te aseguro que no será nada agradable -advirtió antes de entrar.
Caminó por los pasillos de paredes blancas, en silencio, con el eco de sus propios pasos resonando a su alrededor. Mientras avanzaba, sus pensamientos no dejaban de dar vueltas: Ya ha pasado más de un mes, y parece que fue ayer. Si no logro liberarme pronto, terminaré igual o peor que ellos.
Llegó finalmente a una puerta de madera blanca. Apenas la abrió, una mano fuerte la tomó del brazo y la jaló con brusquedad hacia adentro.
En la sala estaban reunidos todos los miembros del Escuadrón W, además del primer ministro. Elara se soltó con un movimiento seco y se sentó a un lado, junto a su superior.
-Por fin llega la agente... -comenzó a decir el primer ministro con tono fingido-. Es una verdadera sorpresa verla aparecer después de lo que le ocurrió a su...
-Eso no le interesa en lo más mínimo -lo interrumpió ella con voz cortante-. Y quiero que quede claro: si alguien vuelve a mencionar ese tema, lo mataré, y será una muerte muy lenta y dolorosa.
Su advertencia cortó el aire. El primer ministro se quedó en silencio, y nadie más se atrevió a replicar; todos en el escuadrón sabían que hablaba en serio.
Su superior la miró fijamente, pero Elara simplemente apartó la vista con indiferencia.
El primer ministro retomó la palabra, explicando los avances de la investigación relacionada con la llamada Élite 1 y asegurando que estaban muy cerca de atrapar al sospechoso principal.
-Por ello -anunció-, los demás ministros y yo hemos decidido dejar esta misión en manos de los mejores. Miembros del Escuadrón W, ustedes son los únicos capaces de resolver este problema. Toda mi confianza está puesta en ustedes.
Sebastián se puso de pie de golpe y golpeó la mesa con ambas manos.
-No somos sus malditas mascotas para limpiar los desastres de sus protegidos -replicó con voz afilada como una navaja-. Ninguno de nosotros ha descansado en más de un mes. Estamos de luto, ¿y aun así nos exige trabajar en equipo con la Élite 1?
La superior de Elara se levantó con furia, se acercó a ella y la empujó con tanta fuerza que la estrelló contra la pared.
-Ustedes solo son niños jugando a ser adultos -le gritó-. Tienen deudas pendientes y todavía se hacen los difíciles. Son asesinos, para eso los contratamos.
-¿Eso significa que somos sus perros guardianes? -preguntó Elara, sin moverse ni bajar la mirada, todavía apoyada en la pared-. Porque si es así, le aseguro que no nos pagan lo suficiente para aguantar esto.
Su superior sacó una navaja y la apoyó contra el cuello de Elara, pero ella no se inmutó.
-¿Crees que puedes desafiarme, niña estúpida? Si estás aquí es gracias a mí.
-¿Y eso es algo por lo que debería sentirme agradecida? -respondió ella con amargura-. Porque desde que puse un pie en este maldito lugar lo único que he conocido es sufrimiento. Llevo semanas sin ver a mi familia, sin saber cómo están, sin tener ni la menor idea de si ya se habrán dado cuenta de que desaparecí. Susana, ¿de verdad crees que le tengo miedo a la muerte? He vivido cosas mucho peores que morir.
Susana aflojó la presión, guardó la navaja y retrocedió. Al ver la tensión en el aire, Sebastián y los demás miembros del escuadrón también se pusieron de pie.
-Está bien -dijo Sebastián al final-. Aceptaremos la misión, pero la haremos a nuestra manera.
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⚠️ Nota importante: Esta es una obra de ficción con temática intensa. Si actualmente atraviesas episodios de depresión, ansiedad o malestar emocional, te recomiendo valorar si es el momento adecuado para seguir leyendo, y acudir a un profesional de la salud mental si sientes que lo necesitas.
Gracias por tu atención.
DU LIEST GERADE
Espías del bajo mundo
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