Capítulo Piloto

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Izuku Midoriya tenía 14 años cuando All Might le dio la espalda en ese techo.

-Joven... no puedes ser héroe sin quirk. Lo siento.

Esa frase fue el primer clavo en su ataúd. El símbolo de la paz, su ídolo, el hombre que representaba la esperanza... le cerró la puerta en la cara.

Los meses siguientes fueron un infierno peor. Katsuki Bakugo, su ex-amigo, ya no se conformaba con explosiones pequeñas. Las "bromas" se volvieron más sádicas: quemaduras en los brazos, empujones desde techos bajos, humillaciones públicas donde le grababan orinándole encima mientras reía con sus secuaces.

Una tarde, después de una paliza especialmente salvaje, Katsuki lo miró desde arriba con desprecio y escupió:

-Haznos un favor y muérete ya, Deku de mierda.

Izuku, lleno de moretones y sangre en la boca, se quedó tirado en el suelo pensando seriamente en hacerlo. Tenía una cuerda en casa. Tenía cuchillas. Pero esa noche llegó a su departamento y vio a Inko. Su madre lo abrazó fuerte, limpiándole las heridas como siempre, diciéndole que todo iba a mejorar.

Ella era lo único que le quedaba.

Días después, el teléfono sonó. Hospital General de Musutafu.

-Señor Midoriya... es sobre su madre.

Izuku corrió como nunca. Cuando llegó, Inko estaba en una camilla, el cuerpo aplastado por escombros. Le habían dicho que fue un asalto en el supermercado donde trabajaba de cajera. Un grupo de villanos: uno con quirk de terremoto que derrumbó todo el edificio. 35 personas dentro. Solo 10 sobrevivieron.

El héroe que llegó primero... fue Death Arms, un héroe de rango medio muy conocido por su fuerza bruta. Escuchó los gritos. Vio el derrumbe. Pero esperó. Esperó a que llegaran las cámaras.

Cuando los periodistas aparecieron, entró y "salvó" a los que aún respiraban. Su excusa, grabada en video y que se hizo viral, fue:

-No me miren así. La culpa fue de todas las personas que decidieron llamar a la estúpida policía en vez de llamarme a mí primero.

Nadie lo cuestionó. Era un héroe. Los verdaderos culpables escaparon. La policía llegó tarde. Inko murió aplastada, con múltiples fracturas y hemorragias internas.

Izuku vio la entrevista completa en la sala de espera del hospital. Vio cómo Death Arms sonreía para las cámaras mientras su madre estaba muerta.

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Era de noche, sentado al lado de la tumba de su madre, algo dentro de él se rompió para siempre.

Ya no había esperanza.
Ya no había héroes.
Solo había poder... y dinero para conseguirlo.

Izuku desapareció del sistema. Vendió todo lo que tenía, usó el poco dinero del seguro de vida de su madre y se fue a los barrios bajos de Musutafu, luego a las zonas más negras de Japón.

El departamento que compartía con Inko quedó vacío, las libretas viejas de héroes tiradas en el suelo como reliquias de una vida que ya no existía.

Solo se llevó tres cosas: un cuchillo de cocina afilado hasta el hueso, una foto arrugada de su madre sonriendo y su última libreta en negro.

Tenía 14 años y el pecho era un hueco negro donde antes había esperanza.

Al principio, el trabajo era sucio, amateur y aterrorizante. En los callejones de Kamurocho, los bajos fondos olían a orina seca, ramen rancio, basura podrida y miedo constante. Encontró su primer "cliente" en un bar clandestino regentado por yakuzas menores: un prestamista gordo que cobraba deudas con intereses que destruían familias enteras. El hombre debía una fortuna y se escondía como rata, cambiando de motel barato cada dos días.

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⏰ Last updated: Jun 15 ⏰

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