La lluvia hacía que el asfalto brillara como vidrio roto. Cover caminaba rápido por una calle casi vacía, con la capucha puesta y las manos escondidas dentro del buso. Había discutido con alguien minutos antes y solo quería alejarse.
El sonido de un claxon la hizo girar demasiado tarde.
Una motocicleta perdió el control al esquivar un carro y terminó deslizándose hacia la acera. Cover intentó retroceder, pero cayó contra una reja metálica oxidada. Uno de los extremos atravesó profundamente su costado izquierdo, justo debajo de las costillas.
El dolor fue inmediato.
La sangre empezó a empapar su ropa mientras varias personas corrían hacia ella. Cover, desorientada y aterrada, forcejeó cuando intentaron ayudarla.
—No me toquen... no me lleven al hospital...
Los paramédicos llegaron minutos después. Ella seguía resistiéndose, arañando y empujando, incluso cuando apenas podía mantenerse consciente por la pérdida de sangre.
Uno de ellos intercambió una mirada rápida con otro.
—Hay que inmovilizarla ahora.
El paramédico presionó con fuerza un punto específico en el lateral del cuello de Cover, cerca de la arteria carótida y un grupo nervioso sensible usado en maniobras de control de emergencia.
El efecto fue casi inmediato.
Su cuerpo se tensó.
La vista se le nubló.
Y cayó inconsciente en brazos de los paramédicos mientras la subían a la ambulancia.
