El comienzo de todo

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Si alguien me hubiera preguntado cuándo comenzó mi historia con Jungkook, habría respondido sin dudar:

-El día que derramó café sobre mis apuntes.

Y habría sonreído.

Porque incluso después de todos esos años, seguía siendo mi recuerdo favorito.

Lo conocí cuando tenía veinte años.

Era mi segundo año en la universidad y estaba atravesando una de esas etapas en las que todo parece complicado. Las clases me consumían, trabajaba los fines de semana para ayudar a mis padres y apenas tenía tiempo para dormir.

Aquella mañana había llegado tarde a una cafetería cerca del campus.

Llevaba una montaña de libros en los brazos y buscaba desesperadamente una mesa libre cuando alguien chocó contra mí.

El café cayó directamente sobre mis apuntes.

-¡Dios mío! -escuché una voz masculina-. Lo siento muchísimo.

Recuerdo haber levantado la vista lista para enfadarme.

Pero me encontré con unos ojos enormes llenos de culpa.

-De verdad lo siento -repitió.

Era alto, llevaba una sudadera negra y tenía el cabello ligeramente despeinado, como si hubiera salido corriendo de casa.

-Mis apuntes... -murmuré.

-Te compraré otros.

-No puedes comprar apuntes escritos a mano.

-Entonces te invito algo mientras los vuelves a escribir.

Lo dijo tan seriamente que terminé riéndome.

Y esa fue la primera vez que vi sonreír a Jeon Jungkook.

Después de eso comenzamos a encontrarnos constantemente.

Al principio pensé que era casualidad.

Luego sospeché que me estaba siguiendo.

Finalmente descubrí que simplemente frecuentaba los mismos lugares que yo.

Terminamos estudiando juntos.

Comiendo juntos.

Caminando juntos.

Y poco a poco, hablando de todo.

De nuestros sueños.

De nuestros miedos.

De las cosas que nunca le contábamos a nadie.

Jungkook quería abrir su propio negocio algún día.

Yo quería una familia.

Una casa llena de ruido.

Un perro.

Niños corriendo por el jardín.

Domingos tranquilos.

Él siempre escuchaba con atención cuando hablaba de eso.

-Tú piensas mucho en el futuro.

-Porque me gusta imaginarlo.

-¿Y cómo es?

-Feliz.

-¿Y quién está contigo?

Recuerdo haberlo mirado.

Y recuerdo que él sonrió antes de que pudiera responder.

Nos hicimos novios un año después.

No fue una declaración espectacular.

No hubo flores ni fuegos artificiales.

Robaré Tu Corazón Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora