CAPÍTULO 1: SEÑAL FANTASMA

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La sala de mapas está en penumbra. El holograma galáctico gira lentamente en el centro, proyectando puntos de luz púrpura y azul sobre las paredes metálicas. Aynara está sentada en una caja de munición, con una manta sobre los hombros y el rifle apoyado en la pared, a su lado. En su muñeca izquierda, un dispositivo pequeño y discreto —el Supresor de Alma— brilla tenuemente con un pulso lento y constante.

No hay nadie más en la sala. Sin embargo, Aynara habla. Habla directamente a nosotros.

Aynara:
—Aquí estamos. Todos vivos. Pero de milagro.

Sus ojos color musgo recorren el holograma, los cientos de puntos rojos de las Cámaras sin abrir, los pocos puntos azules de las que ya se abrieron. Luego bajan la vista hacia sus propias manos.

Aynara:
—Hemos pasado por mucho. Demasiado, quizás. Pero seguimos vivos. Y seguimos juntos. Eso es lo que importa. O eso dice Francis. Y aunque me fastidia admitirlo, a veces tiene razón.

Esboza su media sonrisa. Dura dos segundos exactos.

Aynara:
—Pasaron muchas cosas desde que salimos de aquel planeta. Desde que encontramos el mapa. Desde que reconstruimos La Errante. Dos corporaciones —Maliwan y Vladof— están luchando ahora mismo por intentar capturarme y robarnos la información que tenemos. Una guerra. En el espacio. Y nosotros en medio.

Hace una pausa. Su mano izquierda roza instintivamente el cuello, donde ya no está el collar de contención, sino solo la piel desnuda y el recuerdo.

Aynara:
—El caso es... ¿cómo llegamos hasta aquí? Es una historia muy larga. Pero tenemos tiempo. El salto es largo y el motor necesita descansar. Mario dice que el núcleo de Eridio está "cantando bajito", lo que significa que está contento pero agotado. Así que...

Se recoloca en la caja de munición. Apoya los codos en las rodillas. Su mirada se vuelve más intensa, como si estuviera recordando algo doloroso y hermoso al mismo tiempo.

Aynara:
—¿Recuerdan que nos unimos? Once personas en esta nave. Francis, Adonis, Daniel, Antoni, Daiver... y los nuevos. Mia, Mario, Ronaldo, David, Sophia. Todos prometimos no traicionarnos jamás. Yo prometí disparar al que rompiera esa promesa. Y Antoni dijo que lo haría él primero.

Otra pausa. Se inclina hacia adelante. La luz del holograma ilumina su rostro desde abajo, creando sombras alargadas.

Aynara:
—Pues salimos del planeta. Y aquí continúa todo desde que desde que nos fuimos . Esto es lo que pasó.

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La imagen del holograma se funde lentamente con el espacio profundo. La Errante, imponente y reparada, navega entre las estrellas. Su blindaje nuevo brilla débilmente. Las torretas están en posición de reposo. El nombre "LA ERRANTE" se lee claramente en el casco.

Han pasado tres semanas desde que dejaron el planeta de la primera Cámara. Tres semanas de calma tensa, de seguir el mapa, de buscar sin encontrar.

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Interior del puente de mando. Francis está en el asiento del piloto, con las manos sobre los controles. Ronaldo, a su lado, revisa las cartas estelares con el ceño fruncido. Adonis y Daniel están en los puestos auxiliares. Antoni, como siempre, permanece de pie cerca de la torreta de observación, su rifle al alcance de la mano.

El comunicador interno emite un pitido.

David (por el comunicador):
—¡Francis! ¡Aynara! ¡He encontrado algo!

Francis:
—¿Qué tipo de "algo"?

David:
—¡Tres símbolos! ¡Tres! En las coordenadas del sector siete. Uno de ellos coincide exactamente con los grabados de la primera Cámara. Si estoy en lo cierto, hay una ruina eridiana en ese sistema.

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