Los antiguos pueblos del norte creían que el mar tenía memoria.
No era una inmensidad de agua sin voluntad, sino un lugar vivo, capaz de decidir quién regresaba a casa y quién desaparecía para siempre bajo las olas.
Cuando una embarcación naufragaba, no decían que el océano había reclamado una vida. Decían que Rán la había atrapado con su red.
Rán, la silenciosa señora de las profundidades.
Hermosa. Impredecible. Temerosa.
Los marineros acostumbraban a llevar una pieza de oro antes de hacerse a la mar. Si el destino les era adverso y las aguas los engullían, aquella ofrenda sería entregada a la diosa con la esperanza de apaciguar su crueldad.
Junto a ella gobernaba Ægir, rey de los mares. Señor de las corrientes, de las tormentas y de la calma que seguía a cada tempestad. Allí donde Rán inspiraba temor, Ægir representaba el respeto por la inmensidad del océano y la fuerza de una naturaleza imposible de dominar.
No eran los dioses más célebres.
Sus nombres apenas sobreviven entre versos antiguos, sagas fragmentadas y relatos que el tiempo estuvo a punto de borrar.
Permanecieron siempre en un segundo plano, eclipsados por figuras mucho más conocidas. Sin embargo, los vikingos sabían que el verdadero peligro rara vez anunciaba su llegada. Las fuerzas más decisivas no siempre eran las más visibles.
Quizá por eso sus nombres resistieron al olvido.
Porque existen historias que no necesitan ser contadas a gritos para cambiar el destino de quienes las escuchan.
Hay verdades que permanecen ocultas durante años.
Hay recuerdos que alguien se esfuerza por enterrar.
Y hay personas que, movidas por el deseo de controlar aquello que nunca les perteneció, terminan creyéndose capaces de ocupar el lugar de los dioses.
Pero toda creación tiene un límite.
Y toda mentira, por perfecta que parezca, acaba encontrándose con la verdad.
Tal vez esta no sea una historia sobre la mitología nórdica.
Tal vez sea una historia sobre lo que ocurre cuando el ser humano olvida que hay poderes que jamás le fueron concedidos.
Porque algunos monstruos nacen en las profundidades del mar.
Otros...
Los creamos nosotros mismos.
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Dioses Artificiales
Ficção CientíficaNathan siempre creyó que su pasado había quedado atrás. Adoptado por el director de un prestigioso internado y marcado por una amnesia que borró parte de su infancia, ha aprendido a convivir con las preguntas sin respuesta. Pero cuando una serie de...
