Hay una historia de hace miles de años atrás.
Un semidiós zorro; su nombre nadie lo conocía, pero todo el mundo le decía "Kohaku".
Era respetado por todos, visto como aquel que escuchaba a través de la luna.
Cada luna llena, los mortales miraban al cielo y decían:
── "Kohaku, ¿en dónde estás? Tengo un dilema..."
Todos aseguraban que las cosas que anhelaban siempre se cumplían: prosperidad, salud, amor, fortuna... Casi siempre esos deseos eran escuchados, por lo tanto, todos le tenían fé y respeto a Kohaku. Habían construido un enorme templo en el que se le rezaba cada luna llena, todos lo amaban, todos confiaban en él.
Lo que no sabían es que Kohaku, su adorada deidad, tenía que hacer sacrificios para cumplir con sus anhelos.
Mataba, sin piedad alguna, mataba. Siempre buscaba a personas enfermas, buscaba a pedófilos o abusadores, a ancianos en sus últimos momentos de vida y los asesinaba, dando sus almas como sacrificio a la luna y ésta, a cambio, cumplía los deseos de los mortales.
── "Almas inocentes, almas ingenuas."
Decía Kohaku cuando escuchaba cada petición desde la tierra, se sentía culpable, pero también adoraba ver lo feliz que era la gente al recibir lo que quería.
Eso sí, Kohaku nunca escuchaba las peticiones avariciosas, las peticiones que buscaban dañar la seguridad y la prosperidad de Japón, eso no lo permitía. No le otorgaría un arsenal al asesino, ni millones de monedas de oro al millonario, eso iba en contra de sus ideales.
Sin embargo, un día... Toda esa prosperidad se detuvo; los momentos de gloria y paz dejaron de verse desde que Kohaku dejó de cumplir deseos...
Un hombre de 47 años llamado Kenji Hagakure pidió tener un harem propio, que todas las mujeres bellas y de grandes atributos de Japón vinieran a él; esto, claramente, era algo que Kohaku no podía cumplir, era una pérdida de tiempo, sólo era lujuria humana hablando. El hombre esperó durante un mes, pero nada ocurrió, su situación era la misma: casi ninguna dama bella se volteaba a mirarlo.
El hombre enfureció, empezó a pensar que todo lo que decían sobre Kohaku era una farsa y que él ni siquiera existía, sólo era un rumor colectivo que todo el mundo creía. Contactó a un montón de gente, gente a la que tampoco se cumplió su deseo y, junto a ese grupo, decidieron manchar la imagen del zorro.
Cada que veían a alguien nuevo entrar al templo, lo detenían y le preguntaban cuál era su deseo, la persona explicaba y siempre recibía comentarios negativos.
"No tiene caso, es sólo un mito. Ningún semidiós zorro va a escucharte."
"Quienes creen en esa leyenda sólo son idiotas."
"No pierdas tu tiempo aquí. Kohaku no existe."
Acababan con las ilusiones de todo aquel que iba a pedirle ayuda a Kohaku, los desanimaban y ellos mejor decidían no volver al templo.
En el transcurso de 4 meses, las visitas al templo se redujeron de forma considerable, el nombre de Kohaku ya no estaba de boca en boca, y los pocos que aún iban ya eran viejos cuyas historias nadie quería escuchar.
Kohaku empezó a sentirse... Solo. Una de sus mayores alegrías era ver a los humanos, ellos eran criaturas con una historia, con metas y objetivos, algunos tenían una determinación tan brillante que, a pesar de haberse caído miles de veces al barro, seguían levantándose.
Él no quería perder eso, quería seguir viendo a esos seres tan interesantes siendo felices, sonriendo al ver que sus deseos se están cumpliendo, pero eso ya no pasaba...
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Kohaku, ¿en dónde estás?
Fantasy¿Qué es la lealtad? ¿Qué se podría definir como "lealtad"? Es una muy buena pregunta. A veces, nosotros los humanos buscamos más de lo que tenemos y, cuando perdemos eso que tenemos, nos arrepentimos de no apreciarlo. A muchos de nosotros se nos hac...
