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Prologó

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Alberto y su hermana mayor María, caminaban por una calle cualquiera de su ciudad.

Era una tarde calurosa. No un calor normal, sino de esos que hacían sentir que el sol tenía algo personal contra ti.

-Odio este clima- se quejó Alberto mientras se abanicaba con la mano.

-Yo también. Si salgo cinco minutos más voy a convertirme en pollo rostizado.

-¿Cinco minutos? Ya pareces pollo rostizado.

-Gracias por tu apoyo emocional.

-Para eso están los hermanos.

Ambos siguieron caminando mientras se quejaban del calor, del tráfico, de los precios de todo y de la existencia en general.

Entonces ocurrió algo extraño.

No hubo luces.

No hubo portales.

No hubo explosiones.

Simplemente...

Todo cambió.

Alberto dio un paso y se detuvo.

María también.

Los dos se quedaron inmóviles.

Frente a ellos ya no estaba la misma calle.

Los edificios bajos de su ciudad habían desaparecido.

Ahora enormes rascacielos góticos se elevaban hacia el cielo.

Las fachadas parecían sacadas de una película antiguas de terror.

Las calles eran más amplias.

Más oscuras.

Más sucias.

Y lo más extraño...

El calor había desaparecido.

Alberto levantó la vista.

El cielo que unos segundos antes era completamente despejado ahora estaba cubierto por densas nubes grises.

Parecía que iba a llover en cualquier momento.

-...

-...

Alberto giró lentamente hacia María.

-Ahora qué hiciste.

-¿Por qué asumes que fui yo?

-Porque las cosas raras siempre te pasan a ti.

-Eso no es cierto.

-La última vez encontraste una serpiente en el baño.

-Eso no fue mi culpa.

-La llamaste "Canelita" y trataste de adoptarla.

-Era adorable.

-Es una loxosceles laeta.

María ignoró el comentario y observó los edificios.

-Esto no tiene sentido...

Alberto miró alrededor.

La gente seguía caminando.

Los autos seguían circulando.

Pero nada parecía familiar.

Ni una sola calle.

Ni un solo negocio.

Ni una sola referencia conocida.

Un escalofrío recorrió su espalda.

-Hermana.

Isekai en DCHistórias para pegar e não largar. Descubra agora