Capitulo Unico

258 51 12
                                        

El marcador parpadeaba en la pantalla gigante con un molesto 1 - 1 en el minuto 45. La sala del departamento era un absoluto campo de batalla.

— ¡¡Pero cómo vas a fallar ese pase, por dios!! — Gritó Jin, arrojando un cojín al suelo mientras se levantaba dramáticamente hacia la cocina — ¡¡Si yo estuviera en la cancha meto ese gol con los ojos cerrados!!

— La defensa de México se cerró muy bien en los últimos diez minutos, el contraataque nos está matando — Analizó Yoongi con los brazos cruzados, sin despegar los ojos de la repetición en cámara lenta.

En el extremo del sillón principal, Jungkook era un manojo de nervios. Tenía las piernas cruzadas, los dedos metidos entre los dientes y traía puesta una playera de la selección que le quedaba ligeramente holgada. Su cuerpo vibraba con la adrenalina del partido; se tomaba el fútbol demasiado en serio.

Justo detrás de él, apoyado contra la barra de la cocina, Jimin lo observaba. No le estaba prestando ni un ápice de atención al televisor. Su mirada felina estaba fija en la línea tensa del cuello de Jungkook, en cómo se le marcaba la vena cada vez que se quejaba y en la forma en que sus belfos se fruncían por la frustración.

El silbatazo del árbitro resonó en las bocinas, anunciando el final del primer tiempo.

— Bueno, quince minutos para rellenar los platos de comida y vaciar la vejiga — Anunció Namjoon, estirándose mientras Hobi y Taehyung ya corrían al pasillo disputándose quién entraría primero al baño.

Jimin vio su oportunidad perfecta. Caminó con pasos lentos y felinos hacia el sillón, pasando justo por detrás de Jungkook. Al cruzar, bajó la mano y rozó con firmeza la nuca del menor, enredando los dedos en sus cabellos cortos solo un segundo antes de susurrarle al oído, con una voz extrañamente ronca:

— Te espero en mi habitación. Ahora.

Jungkook se tensó por completo, el aire atrapándose en su garganta. Miró de reojo cómo Jimin se alejaba por el pasillo con total parsimonia, como si no acabara de lanzar una bomba. El menor miró a su alrededor; Jin seguía quejándose en la cocina y Yoongi discutía con Namjoon. Nadie prestaba atención. Con el corazón latiéndole desbocado, esta vez no por el fútbol, Jungkook se levantó del sillón y se escabulló discretamente hacia el pasillo.

El pestillo de la puerta de Jimin encajó con un clic sordo en cuanto Jungkook entró, aislando instantáneamente el ruido exterior.

Antes de que pudiera procesar la penumbra del cuarto, Jimin lo empujó de espaldas contra la madera de la puerta. El impacto no fue violento, pero sí lo suficientemente firme para dejarle claro quién mandaba ahí dentro. El pecho de Jungkook subió y bajó con brusquedad, atrapado entre el frío de la madera a sus espaldas y el calor abrasador que el cuerpo de Jimin comenzaba a irradiar sobre él.

— Jimin, espera... — Intentó protestar Jungkook con una risita nerviosa, aunque sus manos ya se habían posado instintivamente en la cintura del mayor — Solo tenemos quince minutos, los chicos están afuera y si se dan cuenta...

— Silencio, Jeon — Lo calló Jimin, atrapando sus dos muñecas con una sola mano y subiéndolas por encima de su cabeza, presionándolas contra la puerta con un agarre de acero.

La cercanía era asfixiante. Jimin exhalaba un calor embriagador y sus ojos brillaban con una fijeza oscura que le hizo dar un vuelco al estómago a Jungkook.

— Te pasaste todo el primer tiempo gritándole a la pantalla — Susurró Jimin, rozando sus labios con los contrarios, arrastrando las palabras con una lentitud tortuosa — Ahora quiero escuchar cómo gritas mi nombre. Con la misma pasión, Jeon. Pero vas a tener que hacerlo muy, muy bajito si no quieres que Namjoon venga a tocar la puerta.

15 Minutos (Jikook)[One-Shot]Stories to obsess over. Discover now