Desde el principio de los tiempos, cuando las estrellas aún no tenían nombre y los universos nacían y morían en un solo suspiro, existían dos fuerzas destinadas a sostener toda la existencia.
El Orden y el Caos.
No eran enemigos, en realidad jamás lo fueron, pero el mundo necesitaba creer que sí, porque era más sencillo pensar que la luz combatía a la oscuridad que aceptar que ambas se amaban.
Jungkook era el Caos, no era un monstruo, tampoco una calamidad, era el impulso que hacía florecer lo inesperado, la chispa que alteraba destinos, era la tormenta que rompía los caminos escritos para crear otros nuevos.
Su cabello era negro como los vacíos que existían entre galaxias y sus ojos guardaban la profundidad de todos los secretos jamás pronunciados, donde caminaba nacían posibilidades, donde respiraba surgían cambios.
Y aun así... estaba solo, absolutamente solo, porque acercarse demasiado al Caos significaba perder el control y los mortales temían perder aquello que podían comprender.
Por su parte Seokjin era el Orden, la armonía perfecta, la ley que mantenía los planetas girando, la razón por la que el tiempo avanzaba y la calma después de cada tempestad.
Su presencia era luz, no era ese tipo de luz cegadora, sino más bien cálida y eterna, una que era capaz de sostener el universo entero sobre sus hombros, pero él también estaba solo.
Porque el Orden era admirado, respetado, venerado, pero jamás podía ser amado.
¿Cómo se podía amar algo tan perfecto? ¿Cómo abrazar aquello que parecía inalcanzable?.
Durante millones de años se observaron desde extremos opuestos de la existencia, nunca pudiendo acercarse, las leyes fundamentales lo prohibían.
Si el Orden tocaba demasiado al Caos, los mundos temblaban, si el Caos se aferraba demasiado al Orden, las estrellas alteraban sus órbitas, así que se conformaban con encuentros breves.
Instantes robados, segundos que para los mortales parecían eternidades.
La primera vez que Jungkook tomó la mano de Seokjin fue cuando el universo tenía apenas unos cientos de años. Un universo recién nacido demasiado frágil, inexperto, y absolutamente hermoso.
Se encontraron en el borde de una nebulosa azul, nadie podía verlos allí, nadie podía juzgarlos, Jungkook observó la mano luminosa frente a él.
-¿Puedo?
Seokjin sonrió, era la sonrisa más hermosa que había existido.
-Siempre puedes.
Sus dedos se rozaron y en ese instante cientos de nuevas galaxias aparecieron.
Fue un desastre, pero un hermoso desastre perfecto.
Los dioses menores se alarmaron, las entidades cósmicas hablaron de desequilibrio, los profetas comenzaron a escribir sobre una guerra venidera. Parecía que nadie podía aceptar la verdad, que aquello no era una batalla, era amor.
Los siglos pasaron, luego milenios y después eras completas, el amor entre ellos creció silencioso, paciente, inmortal.
A veces Jungkook aparecía en medio de los jardines celestiales de Seokjin, descalzo, cubierto de polvo estelar, con una sonrisa traviesa.
-Vine sólo para molestarte, Jin.
-Mentiroso.
-¿Cómo lo sabes cariño?
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LA SENTENCIA DE LOS OPUESTOS
FanfictionEl universo los llamó enemigos. La eternidad los condenó a permanecer separados, pero incluso las leyes que gobiernan las estrellas terminan inclinándose ante el amor.
