Barbie mi esposa
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La noche envolvía por completo la majestuosa Mansión Elizalde. Situada en las afueras de la Ciudad de México, aquella enorme residencia de piedra y lujo era el corazón de una de las familias más poderosas del país. Sus amplios jardines, salones imponentes y largos pasillos guardaban una vida de riqueza y tensiones constantes.
Ya pasaban de las once de la noche. La mayoría de las luces de la mansión estaban apagadas. Solo en el ala este, en la sala privada que Bárbara Greco utilizaba como su oficina personal, una lámpara de cristal proyectaba una luz cálida sobre los muebles de caoba y los libros antiguos.
Bárbara Greco se encontraba de pie junto al gran escritorio, todavía vestida con el elegante traje negro que había usado durante la junta directiva de esa tarde. Su postura era recta y su expresión reflejaba un profundo fastidio.
La puerta se abrió con fuerza.
Damián entró y la cerró detrás de él con un golpe seco.
—¿Era realmente necesario humillarme frente a todo el consejo, Bárbara? —preguntó él con la voz cargada de ira contenida—. ¿Delante de Gonzalo y de todos los accionistas?
Bárbara tomó su copa de vino con delicadeza, dio un sorbo lento y lo miró con superioridad.
—Mi querido Damián... siempre tan exagerado. No te humillé. Simplemente expuse tu propuesta por lo que realmente era: la idea de un inepto sentimental. ¿Ética empresarial? ¿Transparencia absoluta? Por favor, no me hagas reír. Llevo muchos años en esta familia y sé perfectamente cómo se manejan los negocios aquí.
Damián dio varios pasos hacia adelante, aflojándose la corbata con un gesto brusco.
—Y tú sigues siendo la misma hiena de siempre. Ambiciosa, arrogante y sin el menor respeto por nadie. ¿Tanto placer te da pisotearme en público?
Bárbara soltó una risa baja y elegante, dejando la copa sobre el escritorio.
—Disfruto poner en su lugar a los imbéciles que creen que pueden dar lecciones de moral en una empresa como esta. Tú, que fuiste el esposo de mi hijastra Fernanda, deberías saber mejor que nadie cómo funcionan las cosas. Pero no... sigues llegando con tus ideas absurdas y tu falsa rectitud.
Damián apretó la mandíbula, visiblemente furioso.
—Maldita seas, Bárbara. Eres una maldita hiena disfrazada de dama refinada. Todo lo que haces es manipular, humillar y conseguir lo que quieres sin importar a quién te lleves por delante.
Bárbara arqueó una ceja con elegancia y se cruzó de brazos.
—Qué palabras tan fuertes para alguien que no tiene ni el poder ni la inteligencia para enfrentarme de verdad. Eres un inútil que cree que con bonitos discursos puede cambiar la realidad de esta familia. ¿Crees que no me di cuenta de cómo me mirabas durante toda la junta? Lleno de resentimiento y envidia.
—Resentimiento es lo que mereces —respondió Damián, acercándose un poco más—. Porque eres tóxica. Una mujer que solo trae problemas y destrucción a su alrededor. Primero como secretaria, después como madrastra y ahora como la esposa de Gonzalo. Siempre buscando controlarlo todo.
Bárbara sonrió con frialdad, pero su mirada era afilada.
—Y tú eres un patético que no ha logrado nada por sí mismo. Vienes aquí a gritarme después de la junta como si tuvieras algún tipo de autoridad. ¿No te cansas de ser tan predecible? Siempre el mismo discurso moralista, siempre el mismo papel de víctima. Es aburrido, Damián. Realmente aburrido.
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Adicta a mi Socio
FanfictionBárbara y Damián se odian con ganas, se insultan sin piedad... pero también se desean como locos. Entre sexo salvaje, momentos inesperadamente bonitos y toques de comedia negra, descubrirán que su complicidad oscura es más fuerte de lo que imaginan...
