A Arturo Comas
A Fernando e Iris
por empujarme a pedalear.
1
La humedad del viento nocturno hizo a sus manos apretar mucho más el manillar. Aun así aprovechó este gesto para controlar las oleadas de emociones que le desbordaban mientras sus ojos recorrían el aparato. Los güines, el cedro, los engranajes, las poleas, el motor analógico.
«¡Al fin, carajo, estoy volando!» pensó emocionado mientras alas artesanales lo elevaban por sobre las palmas; y su alegría lo impulsaba a pedalear con mayor fuerza y así aumentar su velocidad.
Fue cuando escuchó los gritos de alarma, los disparos, un rugido titánico sacudió el aire, y el rojo se apoderó del cielo nocturno...
¡Bombas!
A su alrededor, una docena de alas mecánicas con el escudo de la República en Armas surcaron el aire, con la aterradora agilidad de las aves rapaces. Y de sus garras de güin soltaban las cargas de muerte sobre las fogatas y casas de campaña. Algunos panchos, mordidos por el miedo, huían de las endemoniadas criaturas con alas. Otros convulsionaban en agonía ardiendo en el suelo como teas.
A golpe de gritos, insultos y maldiciones un coronel hispano organiza a sus hombres en columna. Una lluvia invisible de plomo destroza las ligeras alas, otras se incendian con las bombas propias. Del suelo se eleva el fuego, del cielo llueve los engranajes ensangrentados.
Pedalea agitado. El aire caliente le quema la frente, el humo enceguece su vista, y el hedor a guerra lo asfixia. Entonces un violento estremecimiento azotó su cuerpo. Los incendiarios ojos del oficial sombrero de yarey con una pluma de gavilán se clavan como un escalofrío en él. El hombre ladró una orden y los fusiles alzaron sus cañones. "Preparen, apunten ..."
Segundos después del estallido de pólvora siente el plomo silbarle cerca del rostro. El ave artificial chilla y se quiebran sus alas. El entorno comienza a girar en una espiral mortal enredado en los aparejos inertes cae el gavilán, cual si fuera una aturdida lechuza hacia el oscuro abismo, cada vez más oscuro, más rápido, más fuerte.
El impacto de su cabeza contra el suelo le hizo despertarse de súbito.
2
De repente se sintió invadido con un profundo desasosiego.
Tardó unos instantes en tranquilizarse y ubicarse en el lugar donde se encontraba.Sus brazos dejaron de abrazar su mesa de trabajo como si fuese una balsa.
« ¡Carajo, Sanguinarios hijos de puta! ¡Ya es el cuarto fusilamiento esta semana!»— maldijo para sí al frotarse los ojos, seguido de un par de movimientos con los que intentaba aliviar su maltratada espalda. Volvió a sentir aquel ensordecedor ruido y se percató que se trabaja del retumbar de las campanas de la iglesia de la Plaza de Bejucal. En ese momento su estómago se quejó por sus continuos abusos de horario.
Había vuelto a quedarse dormido en aquella incómoda posición. Llevaba días trabajando sin descanso hasta que el agotamiento terminaba por noquearlo.
YOU ARE READING
Las Alas de la Manigua
PoetryHistoria de steampunk basada en la vida de Arturo Comas el primer aeronauta cubano.
