MORAL

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(Un hombre está sentado en una silla, está cansado. Entra en escena su conciencia, caminando por alrededor)
Mente: Que inútil eres...
Hombre: cállate...
Mente: no, no lo haré, es la verdad.
Hombre: ¡Te dije que te callaras!
Mente: no... es inútil callarme. Aunque intentes meter la cabeza bajo el cemento, estaré ahí. Incluso después de la muerte, sostendré tu mano.
Hombre: no... no debo escucharte...
Mente: pero lo haces. Me escuchas, me ves (se acerca por detrás, tocando sus hombros) y me besas con tanta pasión.
Hombre: fue solo una noche... ¡y dejaste un desastre! (Tira un vaso de cristal hacia el suelo)
Mente: (se aleja un poco, paseándose por el escenario) ¿una noche?, querido, estoy contigo desde que naciste
Hombre: cállate porfavor... (se tapa la cara con ambas manos y empieza a sollozar)
Mente: yo vi como tu madre cortaba sus venas, sangraba y de su sangre naciste, un acto lleno de amor, con un propósito, pero tan suicida a la vez.
Hombre: ¡CÁLLATE! (Se levanta de la silla de golpe)
Mente: qué lástima que su sacrificio fue en vano. Su sangre se manchó al tocar el suelo (agarra el mentón del hombre con suavidad) me duele verte así, no quiero que termines como yo...
Hombre: (se separa del agarre con brusquedad) ¡déja de imitar su voz! (Se pasa las manos por la cara) ¿Por qué solo me haces daño?, ¿por qué no puedes cerrar la puta boca?
Mente: (se aleja solo un poco) no tengo boca ¿recuerdas? Estoy aquí (toca su propia cabeza)
Hombre: (cae al suelo de rodillas) por favor...
(La Mente se dirige hacia la silla vacía que dejó el hombre, sentándose y cruzándose de piernas mirando hacia el público)
Mente: ¿sientes el cristal cortando tu piel? ¿Aquel frío del piso? Dime.... ¿Esto es lo que quieren para ti?, ¿qué dejes que el abismo te consuma?
(La mente dirige su mirada lentamente hacia el hombre) ¿es lo que ella quiere para ti? Ese dolor punzante en el pecho, el dolor en los párpados, es el precio de estar vivo y cargar con tanto desde tan joven...
Hombrre: (con la voz rota) solo quiero dormir... que todo se esfume.
Mente: el sueño es una droga barata, querido, una que solo tiene efecto por ocho horas, después... te inunda en una sed insaciable (saca una navaja de su bolsillo, agarrándola desde la hoja, ofreciendo el mango) pero existe un sueño sin resaca, uno puro.
Hombre: (mira la navaja con horror) no... ¡yo no soy así!
Mente: (se levanta de la silla y se arrodilla frente al hombre, desnudando su brazo y ofreciéndoselo) pero quieres hacerlo. Mírame, soy lo único que te queda. Mi sangre es la tuya y mi silencio lo deseas. Solo tienes que hacerlo (señala su propia vena)
Hombre: (toma la navaja, con el cuerpo temblando) si lo hago.... ¿habrá paz?
Mente: No, solo remordimiento. Mientras te desangras llegará el arrepentimiento...
(La mente se cubre el brazo)
Hombre: (mirándola a los ojos) ¿remordimiento?...
Mente: (lo mira con una ternura sadica) imagina por un segundo: tus visión nublándose, tu alma evaporándose, y mientras tanto, te gritaré al oído, te diré lo que pudiste ser, lo que pudiste lograr si lo aceptabas. Ese es mi verdadero banquete.
Hombre: (tira la navaja lejos de ellos dos) ¡ERES UN MONSTRUO!
Mente: (lentamente se pone de pie, sacudiendo el polvo inexistente en sus pantalones) soy un espejo. Si ves un monstruo, no me culpes a mí (se dirige nuevamente hacia la silla, sentándose e inclinando la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos) pero mira el lado positivo: el remordimiento demuestra que aún tienes cordura.
Hombre: (mira la navaja a unos metros de él) no puedo ganar... si te mato, me mato. Si te escucho, me destruyo... pero a la vez... te necesito
Mente: exacto. Bienvenido a la madurez (se levanta para ir a buscar la navaja) ahora... devuélveme eso, no lo vas a necesitar, no tienes coraje.
Hombre: ¿por qué no me dejas solo? Si soy tan patético, incrustado en la pena, déjame. Dejame pudrirme en el silencio que tanto desprecias.
Mente: (guarda la navaja en el bolsillo, dándose la vuelta) ¿y perderse del espectáculo? Que aburrido...
Hombre: solo quiero que te calles
Mente: (se toma unos segundos para pensar. Se acerca donde está el hombre, poniéndose a su altura, dando una palmadita suave en la mejilla) entonces abre los ojos. Mira la sangre de tu madre que imaginas esparcida por las baldosas, acepta que no es tu culpa, recoge el vaso roto. Y pregúntate: "¿qué haré mañana?"
(La mente se endereza y camina hacia las sombras dejándo al hombre solo nuevamente. El hombre sigue en el suelo, se levanta después de unos segundos y se sienta de vuelta en la silla. Se queda mirando al publico)
Hombre: (en un susurro casi audible) mañana....

(Las luces se apagan de repente, solo se escucha el goteo de un líquido)

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