"El reflejo que me eligió"
Cada mañana, Daniel evitaba el espejo.
No era superstición ni vanidad. Era cansancio.
Cansancio de verse y no reconocerse del todo. De sonreír solo cuando alguien más lo miraba. De sentirse... incompleto.
Pero ese día fue distinto.
El vapor de la ducha aún cubría el vidrio cuando levantó la mirada. Y ahí estaba.
No era exactamente él.
El chico del espejo tenía sus mismos ojos, pero no la misma tristeza. Su postura era más firme, su expresión más suave. Como si cargara menos peso.
Daniel parpadeó.
—¿...Hola?
El reflejo sonrió primero.
—Pensé que nunca ibas a hablarme.
Daniel sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Qué eres?
—Soy tú —respondió—. Solo que... de otro lugar. De un lugar donde no te dejaste solo.
Silencio.
Daniel rió nervioso.
—Genial. Ya estoy alucinando.
—O tal vez —dijo el otro, acercándose al cristal— por fin estás escuchando.
⸻
Al principio, solo hablaban unos minutos al día.
Daniel se acercaba con cautela, como si el espejo fuera a romperse o tragárselo. Pero el otro siempre estaba ahí. Paciente. Presente.
Se llamaba Leo.
—No te llamas Leo —protestó Daniel una vez.
—En tu mundo no —respondió con una media sonrisa—. Pero aquí... elegí un nombre que me gustara.
—¿Elegiste?
—Sí. Porque aprendí que puedo elegirme.
Esa frase se le quedó clavada a Daniel.
⸻
Con el tiempo, las conversaciones se volvieron más largas.
Leo le preguntaba cosas que nadie más hacía.
—¿Cuándo fue la última vez que te sentiste suficiente?
—No lo sé.
—¿Y cuándo fue la última vez que te hablaste con cariño?
Daniel bajó la mirada.
—Nunca.
Leo no lo juzgaba. Nunca lo hacía.
Solo lo miraba... con una ternura que dolía.
⸻
Una noche, Daniel llegó llorando.
No quiso encender la luz. Pero aún así caminó directo al espejo.
—Hoy... —su voz se quebró— hoy sentí que no valgo nada.
Leo apareció lentamente entre la oscuridad.
—Ven.
—No puedo cruzar.
—No hace falta.
Daniel apoyó la frente contra el vidrio.
Del otro lado, Leo hizo lo mismo.
—Te creo —susurró Leo—. Sé que duele. Sé que te dices cosas horribles.
—Es que son verdad.
—No lo son.
—¿Cómo sabes?
Leo cerró los ojos un segundo.
—Porque yo soy la versión de ti que sobrevivió a eso.
Silencio.
—¿De verdad mejora?
Leo sonrió, pero sus ojos estaban húmedos.
—No se vuelve perfecto... pero deja de doler todo el tiempo.
⸻
Sin darse cuenta, Daniel empezó a cambiar.
Comenzó a comer mejor. A dormir más. A cuestionar esa voz interna que lo destruía.
Y cada noche... volvía al espejo.
No solo por respuestas.
Sino por Leo.
Porque en algún punto, dejó de ser solo "él mismo".
Se convirtió en alguien que le importaba.
Alguien que quería.
⸻
—Creo que me estoy enamorando de ti —dijo Daniel una noche, casi en broma.
Leo no respondió de inmediato.
—No es raro —dijo finalmente—. Es inevitable.
—¿Por qué?
—Porque estás aprendiendo a amarte. Y yo... soy la forma en que tu mente lo entiende.
Daniel sintió el corazón acelerarse.
—Pero se siente real.
—Lo es.
—Quiero tocarte.
Leo levantó su mano.
—Entonces empieza por no soltarte a ti.
Daniel imitó el gesto.
Sus manos coincidieron sobre el vidrio.
No había calor. No había contacto real.
Pero tampoco había vacío.
⸻
Un día, Leo no apareció.
Daniel esperó. Minutos. Horas.
Nada.
Golpeó el espejo.
—¡Leo!
Silencio.
—¡No puedes irte así!
Respiró agitado.
—Por favor...
El reflejo volvió lentamente.
Pero algo era distinto.
Esta vez... era solo él.
Sin embargo, su mirada ya no era la misma.
Más suave. Más viva.
Más... suficiente.
Daniel tocó el vidrio con cuidado.
—¿Leo?
Su propia voz respondió, en un susurro apenas audible:
—Aquí estoy.
Y entonces lo entendió.
Leo nunca se fue.
Se quedó.
Pero ya no en el espejo.
Ahora vivía dentro de él.
⸻
Esa mañana, por primera vez en años...
Daniel no evitó su reflejo.
Sonrió.
Y esta vez... no fue para nadie más.
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Mirrors (Yaoi/Gay)
AcciónUn chico solitario comienza a ver en el espejo a otra versión de sí mismo: más segura, más libre... más capaz de amar. Lo que empieza como un misterio se convierte en un vínculo profundo que cruza universos, desafiando la identidad, el deseo y la sa...
