Pensamientos

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La primera vez que Mark se dio cuenta de que algo iba mal fue en una entrevista.

Ni siquiera era una pregunta importante. El entrevistador hablaba sobre química actoral, sobre cómo había sido compartir set con tantos actores distintos ese año, y Junior, sentado a su lado, respondió algo gracioso que hizo reír a todo el staff.

Mark también rió.

Pero sus ojos no estaban en la sonrisa de Junior.

Estaban en su cuello.

Blanco.

Demasiado blanco.

La luz del estudio caía justo sobre su piel, iluminando la línea limpia que iba desde su mandíbula hasta la clavícula escondida bajo la camiseta negra. Mark tragó saliva sin darse cuenta.

Porque había algo extraño ahí.

Algo incorrecto.

Como si faltara algo.

Un vacío.

Un detalle que su cabeza insistía en buscar.

Y desde entonces no había podido detenerse.

Al principio creyó que era cansancio.

Después de grabar la serie con Boun y Prem había quedado agotado mentalmente. Luego llegaron las promociones, eventos, lives interminables, sesiones de fotos, fansigns... y después Perfect 10 Liners.

Todo el mundo esperaba que estuviera feliz.

Y lo estaba.

Más o menos.

Pero algo había cambiado.

Porque ahora cada vez que Junior aparecía frente a él, Mark sentía esa necesidad absurda de mirar su cuello.

No importaba si estaban ensayando.

Comiendo.

Grabando.

Haciendo un live.

Sus ojos terminaban ahí.

Siempre ahí.

Junior se dio cuenta antes de lo que Mark esperaba.

-¿Tengo algo aquí?

Mark parpadeó.

-¿Qué?

Junior señaló su cuello mientras masticaba una papa frita.

-Llevas diez minutos mirándome como si fueras a resolver un crimen.

Mark apartó la mirada demasiado rápido.

-No te estaba mirando.

-Claro.

Junior sonrió apenas, divertido.

Y eso debería haber terminado ahí.

Pero empeoró.

Mucho.

Porque después de esa noche Mark empezó a notar cosas.

Detalles pequeños.

Ridículos.

El movimiento de la garganta de Junior cuando tragaba agua.

La forma en que inclinaba la cabeza cuando se reía demasiado fuerte.

La vena tenue que aparecía bajo su piel cuando terminaba de bailar durante los ensayos.

Mark empezó a odiar la cercanía.

Y al mismo tiempo a buscarla.

En maquillaje se sentaba más cerca de lo necesario.

En las fotos grupales terminaba inclinándose hacia él sin pensar.

Incluso comenzó a reconocer su perfume antes de verlo entrar a una habitación.

Era enfermizo.

Peor aún porque no entendía por qué estaba pasando.

Una madrugada, después de terminar una grabación, Junior cayó agotado sobre el sofá del camerino mientras revisaba su teléfono.

-Estoy muerto -murmuró.

Mark estaba frente a él, fingiendo leer algo en el celular.

Entonces Junior levantó los brazos para acomodarse el cabello.

La camiseta se deslizó apenas.

Solo un poco.

Lo suficiente para dejar expuesta la curva de su cuello.

Mark sintió algo romperse dentro de él.

Un impulso seco.

Brutal.

Tan rápido que lo hizo incorporarse del asiento.

Junior levantó la vista.

-¿Hm?

Mark retrocedió inmediatamente.

-Nada.

Pero su corazón estaba golpeándole las costillas demasiado fuerte.

Porque por un segundo

Solo un segundo

Había imaginado sus dientes hundiéndose en esa piel.

Y lo peor no era la imagen.

Lo peor era cuánto había querido hacerlo.




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