No Way Home: Another World

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Lo primero que sentí fue el golpe. Un golpe seco, duro y frío contra el pavimento de un callejón que olía a basura y a lluvia reciente.
Me dolió todo el cuerpo. No sé cuántos metros caí, pero juraría que hace solo cinco segundos estaba en un laboratorio abandonado en Nueva York, intentando apagar una máquina extraña que brillaba con luces rojas y emitía un zumbido que te hacía doler los dientes. Hubo una explosión, un destello que me cegó y, de repente, el suelo desapareció bajo mis pies. Como si el universo me hubiera tragado y escupido en otra parte.

Me levanté despacio, quejándome por el dolor en las costillas, y me limpié el polvo de los pantalones. Tengo quince años, apenas llevo un par de meses siendo Spider-Man y todavía no me acostumbro a que mi vida sea un caos absoluto.

-¿Hola? -pregunté al aire, con la voz un poco temblorosa-. ¿Hay alguien?

Nadie respondió. Solo se escuchaba el ruido de los autos a lo lejos. Pero algo andaba mal. El ruido de la ciudad no sonaba como mi Nueva York. Las sirenas de las patrullas tenían un tono diferente y el aire olía distinto.

Esto no es Nueva York

Caminé hacia la salida del callejón y me asomé a la calle principal. Me quedé con la boca abierta.

Los autos eran más modernos, casi futuristas. Los carteles luminosos de las tiendas tenían letras que no alcancé a entender al principio, como si fuera otro idioma, aunque extrañamente podía leer algunos letreros que decían cosas normales. Pero lo que de verdad me hizo dar un paso atrás por el susto fue la gente que caminaba por la banqueta.

Un hombre con traje de oficina tenía la cabeza de un perro bulldog. Así, tal cual, caminando con su maletín.

Una chica pasaba hablando por teléfono mientras flotaba a unos centímetros del suelo.

Y un sujeto gigante, de piel azul y cuatro brazos, ayudaba a mover unas cajas en una tienda.

Nadie se sorprendía. Nadie gritaba. Para toda esa gente, ver a personas con cuerpos de animales o poderes extraños era lo más normal del mundo, como ver a alguien con lentes o gorra.

De inmediato, mi cabeza empezó a dar vueltas. Recordé la máquina del laboratorio, los cables y ese portal de energía que parecía romper el espacio.

Me metí la mano al bolsillo buscando desesperadamente mi teléfono. Al sacarlo, la pantalla parpadeaba con luces raras antes de apagarse por completo. No había señal, no había red, no había nada. Estaba completamente desconectado de mi hogar.

Me senté en el suelo, apoyando la espalda contra la pared de ladrillos del callejón, y me abracé las rodillas. El miedo me golpeó de golpe en el estómago. Estaba solo, en un mundo que no conocía, con un traje casero metido en la mochila y sin la menor idea de cómo regresar a casa con mi tía May.

En ese momento, una pantalla gigante en un edificio de enfrente se encendió. Apareció la noticia de unos héroes con trajes brillantes que habían atrapado a un ladrón. Mencionaron algo sobre una escuela llamada "Academia U.A.".

No sé qué lugar es este, pero si hay héroes y peligro, supongo que tarde o temprano van a notar a un chico que trepa paredes. Solo espero que no me vean como un villano.

Me quedé mirando esa pantalla gigante durante unos minutos. La gente pasaba a mi lado sin prestarme atención; yo solo era un adolescente ruidoso y asustado metido en un callejón.

El estómago me rugió con fuerza, recordándome que no había almorzado. El problema era que el único dinero que traía encima eran unos dólares arrugados en el bolsillo, y algo me decía que aquí no me iban a servir para comprar ni un pedazo de pan.
-Muy bien, Peter, piensa -me dije a mí mismo, dándome palmaditas en las mejillas para reaccionar-. Estás atrapado en un lugar extraño, la gente tiene poderes normales y tú tienes que sobrevivir. Paso uno: salir a caminar.

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