La lluvia de Yokohama no tenía piedad esa noche. Golpeaba los cristales de la oficina de la Agencia Armada de Detectives con la fuerza de un verdugo, pero en el interior, el ambiente era inusualmente cálido. Edgar Allan Poe se encontraba de pie junto a la ventana, observando las gotas resbalar por el vidrio. Su flequillo largo ocultaba la mitad de su rostro, una barrera física contra un mundo que siempre le había parecido demasiado ruidoso y abrumador. Sobre su hombro, Karl, su fiel mapache, emitió un pequeño chillido de insatisfacción.
—Tranquilo, Karl... ya casi terminamos —susurró Poe, con una voz que apenas superaba el rumor de la tormenta.
En realidad, no había nada que terminar. Poe solo buscaba una excusa para retrasar su partida. Cruzó la habitación con pasos silenciosos y se detuvo frente al escritorio principal, donde Ranpo Edogawa devoraba con entusiasmo una paleta de fresa, con las piernas cruzadas sobre la mesa de madera.Ranpo no necesitaba mirar a Poe para saber que lo estaba observando. Sacó la paleta de su boca con un chasquido e hizo un gesto vago con la mano.
—Si sigues dando vueltas como un fantasma victoriano, Poe, vas a desgastar la alfombra —dijo Ranpo, sin abrir los ojos—. Además, sé perfectamente por qué no te has ido. Quieres que lea tu nueva novela policiaca.
Poe se tensó, sintiendo cómo el calor subía rápidamente por su cuello hasta teñir sus mejillas de un rojo vivo. Llevaba semanas trabajando en un manuscrito diseñado exclusivamente para desafiar la mente del gran detective, pero el orgullo profesional se mezclaba ahora con un nerviosismo diferente, uno que le oprimía el pecho de una forma extrañamente agradable cada vez que Ranpo se le acercaba.
—No es... no es solo por eso, Ranpo —tartamudeó Poe, apretando el fajo de hojas manuscritas contra su pecho—. Es que la tormenta está... empeorando.
—¡Excusas! —Ranpo abrió un ojo, revelando una chispa de esmeralda brillante que hizo que a Poe se le cortara la respiración—. Pero tienes suerte, me encantan tus historias. Nadie más en este aburrido planeta sabe construir un misterio que valga la pena el tiempo de Ranpo.
Antes de que Poe pudiera procesar el halago, la puerta de la oficina se abrió de golpe. El viento coló la lluvia hacia el interior, trayendo consigo a un oficial de policía jadeante y empapado en sudor.
—¡Edogawa! ¡Poe! —exclamó el hombre, apoyándose en el marco de la puerta para recuperar el aliento—. Tienen que venir de inmediato. Es en la Mansión de los Blackwood, a las afueras de la ciudad. El barón... ha sido asesinado. Y el culpable dejó un mensaje que los menciona a ambos.
Ranpo se bajó de la mesa de un salto, su expresión aburrida transformándose instantáneamente en una de absoluta concentración. Poe, por su parte, sintió un presentimiento helado en el estómago.
La Mansión Blackwood se alzaba sobre una colina como un cuervo de piedra. El interior estaba sumido en una penumbra opulenta: tapices antiguos, muebles de caoba y el olor inconfundible de la sangre fresca mezclado con el de la cera quemada.En el centro del salón principal, el cuerpo del barón yacía boca abajo sobre una alfombra persa. Alrededor del cadáver, la escena parecía extraída de una novela de terror gótico.
—Esto es... macabro —murmuró Poe, dando un paso atrás. Karl se escondió detrás de su cuello, asustado por la atmósfera pesada.Ranpo se acercó al cuerpo sin el menor rastro de temor. Se agachó, observando los detalles con los ojos entrecerrados.
—El asesino usó un arma blanca para apuñalarlo en la espalda, pero mira esto, Poe —Ranpo señaló los labios del barón, que presentaban un tono ligeramente azulado—. Eso es cianuro. Lo envenenaron primero. Las puñaladas se hicieron después de muerto. El asesino quería asegurarse, o... quería montar un espectáculo.
Poe, forzándose a superar su timidez inicial, se arrodilló al lado de Ranpo. Al estar tan cerca, pudo percibir el sutil aroma a azúcar que emanaba del detective, un contraste irreal con el olor a muerte que los rodeaba. Concentrándose en la escena, los ojos de Poe escanearon la habitación.
—Mira el reloj de bolsillo del barón, Ranpo —dijo Poe, señalando el objeto de oro que había caído a unos metros—. Las manecillas están detenidas a las diez y doce minutos. Sin embargo, la temperatura del cuerpo y la falta de coagulación completa sugieren que la muerte ocurrió hace menos de una hora... alrededor de la medianoche. El asesino movió las manecillas manualmente.
Ranpo se giró hacia Poe. La distancia entre sus rostros se redujo a apenas unos centímetros. Poe pudo ver su propio reflejo tembloroso en las pupilas verdes de Ranpo, que ahora estaban completamente abiertas, brillando con una mezcla de admiración y excitación intelectual.
—¡Brillante, Edgar! —Ranpo sonrió, una sonrisa amplia y genuina que hizo que el corazón de Poe diera un vuelco violento—. Sabía que traerte conmigo era la mejor decisión. Tu ojo para los detalles oscuros complementa mi genialidad a la perfección.
—R-Ranpo... —el escritor intentó desviar la mirada, abrumado por la intensidad del momento y por la calidez que la cercanía de Ranpo le provocaba, a pesar del frío de la mansión.
—No te escondas ahora —dijo Ranpo en un susurro, extendiendo una mano para apartar suavemente un mechón del flequillo de Poe, dejando al descubierto sus ojos grises—. Aún no hemos visto lo mejor. Mira la pared.
Poe alzó la vista hacia la chimenea. Escrito con la propia sangre de la víctima, en letras temblorosas pero legibles, había un mensaje en la pared:"Para los dos genios de la deducción: El juego ha comenzado. Si no me encuentran antes del amanecer, la mansión será su tumba."
Un clic sordo resonó en toda la casa. Las luces de la mansión se apagaron por completo, sumergiéndolos en una oscuridad absoluta, rota únicamente por los relámpagos que iluminaban el exterior. Las puertas del salón se cerraron de golpe con un estruendo metálico.En la oscuridad, Poe sintió una oleada de pánico, pero antes de que pudiera retroceder, una mano firme y cálida envolvió la suya. Los dedos de Ranpo se entrelazaron con los suyos, transmitiéndole una seguridad inmediata y electrizante.
—No tengas miedo, Poe —la voz de Ranpo sonó justo al lado de su oído, suave pero cargada de una confianza absoluta—. El asesino cree que nos ha encerrado con él. Pero cometió un error grave. Nos encerró a los dos juntos.
Poe apretó la mano de Ranpo, sintiendo que el miedo se transformaba en una extraña y ardiente determinación. En medio del peligro y de la oscuridad, el latido acelerado de su corazón ya no era por el asesino, sino por el chico que sostenía su mano.
—Resolvamos esto, Ranpo —respondió Poe, con una firmeza que sorprendió incluso a sí mismo.Ranpo sacó sus gafas del bolsillo con su mano libre y se las colocó en la oscuridad. El misterio de la Mansión Blackwood acababa de empezar, pero para ellos, la verdadera aventura ya estaba en marcha.
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The Raven's Mystery
FanficEn esta oscura y tormentosa noche en Yokohama, el tímido escritor Edgar Allan Poe y el brillante detective Ranpo Edogawa se ven arrastrados al corazón de la tétrica Mansión Blackwood para resolver un macabro asesinato que parece diseñado exclusivame...
