El amanecer se colaba lentamente entre las cortinas de mi habitación, pintando las paredes con un tono naranja suave, casi dorado. Todo estaba silencioso, excepto por el ruido lejano de algunos carros y el ventilador girando con pereza encima de mí.
Abrí los ojos despacio.
Por unos segundos me quedé inmóvil, todavía atrapada entre el sueño y la realidad, mirando el techo como si esperara recordar algo importante. Sentía el cuerpo pesado y la mente nublada, como cada mañana... pero había algo diferente.
Algo que no terminaba de encajar.
Me giré hacia la ventana y observé el cielo aclararse poco a poco. El amanecer siempre me había parecido triste y bonito al mismo tiempo. Como si el mundo estuviera comenzando de nuevo mientras yo todavía intentaba entender quién era.
Parpadeé varias veces y tomé mi teléfono de la mesa de noche.
6:02 a.m.
Y entonces lo recordé.
Hoy cumplía quince años.
La idea cayó sobre mí lentamente, como una piedra hundiéndose en agua tranquila. Quince. La edad que todos describían como "especial". La edad de las fotos perfectas, vestidos enormes y sonrisas preparadas.
Pero yo no me sentía diferente.
Seguía siendo yo.
Aurora Reyes. La chica que pensaba demasiado, que sonreía aunque estuviera cansada y que últimamente ya no sabía exactamente qué veía cuando se miraba al espejo.
Solté una pequeña risa sin gracia y volví a mirar el amanecer.
-Quince años... -murmuré con la voz ronca.
No sabía si sentirme emocionada o aterrada. Tal vez ambas.
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¿Está soy yo?
General FictionA veces crecer no significa saber quién eres... significa sobrevivir el tiempo suficiente para descubrirlo. 💕
