capítulo 1

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**Capítulo 1: El Comienzo del Fin**

El restaurante estaba lleno esa noche. Eras mesero desde hacía años, moviéndote entre mesas con la eficiencia de quien conoce cada rincón del lugar: delantal negro, camisa blanca ya algo sudada, y ese cansancio acumulado que cargabas en los hombros después de un turno largo. La ciudad vibraba afuera con sus luces y su ruido habitual, ajena a lo que estaba por desatarse.

Emma Myers había entrado sola poco después de las nueve. La reconociste al instante. Llevaba una sudadera holgada gris, capucha baja y una gorra, intentando pasar desapercibida. Pidió un latte y un sándwich que apenas tocó. Cuando le llevaste el pedido, sus ojos se encontraron con los tuyos un segundo más de lo normal.

-Gracias -dijo con una sonrisa suave, cansada-. El lugar es acogedor.

Respondiste con una broma ligera sobre el café, algo que solías hacer para hacer sentir cómodos a los clientes. Ella rio bajito. Fue un intercambio breve, pero genuino. No imaginabas que esa sería la última noche normal de sus vidas.

Estabas regresando a la cocina cuando ocurrió.

Un cliente en la mesa central soltó un golpe seco contra la madera. Su taza cayó. Empezó a toser con violencia, un sonido húmedo y desgarrador que hizo que todo el salón se quedara en silencio. Un líquido negro y espeso salpicó el mantel. Sus venas se hincharon visiblemente en el cuello y las manos, pulsando como si algo vivo se moviera debajo.

Luego levantó la cabeza. Sus ojos ya no eran humanos.

El hombre se lanzó sobre la mesa vecina con una velocidad brutal. Hundió los dientes en el hombro de una mujer y sacudió la cabeza como un animal salvaje, desgarrando músculo y arteria con un sonido carnoso y húmedo que se escuchó en todo el lugar. La sangre brotó a chorros. El esposo intentó apartarlo, pero el infectado giró y le abrió el abdomen de un tirón, sacando intestinos calientes que cayeron al suelo con un golpe viscoso. No sentía dolor. Ni siquiera reaccionó cuando le clavaron un cuchillo en la espalda repetidas veces. Solo siguió masticando, gruñendo bajo.

El pánico estalló.

Gritos. Mesas volcadas. Personas corriendo hacia las salidas. Otra mesera salió de la cocina tosiendo la misma sangre negra y se lanzó contra un cliente, clavándole las uñas alargadas en el cuello y arrancando trozos de carne. Los infectados se movían con furia inhumana: saltos largos, ataques coordinados por instinto, mordiscos que destrozaban gargantas en segundos.

Tú soltaste la bandeja y corriste hacia Emma. Ella estaba paralizada junto a su mesa, con el rostro pálido y los ojos muy abiertos.

-¡Emma! ¡Vamos! -gritaste, tomándola del brazo con fuerza.

Corrieron hacia la puerta trasera de la cocina mientras el restaurante se convertía en un matadero. Detrás de ustedes, más conversiones rápidas. Un cocinero se transformó en menos de un minuto y atacó a otro empleado, abriéndole el pecho con las manos desnudas y mordiendo mientras la víctima aún gritaba.

Salieron al callejón húmedo y oscuro. El aire nocturno olía a lluvia reciente. Corrieron entre contenedores de basura mientras los gritos de la calle principal llenaban la noche. Un infectado los persiguió: un hombre corpulento cuya mandíbula colgaba desencajada. Corría encorvado, casi a cuatro patas, con un cuchillo clavado en el muslo que no parecía afectarle en absoluto. No sentía dolor. Solo hambre.

Tú empujaste a Emma detrás de un contenedor grande al final del callejón y te agachaste con ella. El corazón te latía con fuerza.

-Quédate quieta -susurraste.

Emma temblaba. Desde la calle llegaban sonidos horribles: carne rasgándose, huesos crujiendo, gorgoteos cuando las gargantas eran destrozadas. Un infectado pasó arrastrando a una víctima por el cabello, mordiéndole el rostro mientras ella aún se movía.

Hiciste señas claras a Emma para que se moviera más profundo en el callejón, detrás de cajones de madera y otro contenedor. Ella negó al principio, paralizada, pero tus gestos firmes y calmados la convencieron. Se movió con extremo cuidado: punta del pie, luego talón, evitando cualquier ruido. Cuando un infectado se asomó a la entrada del callejón, ella se congeló contra la pared. Tú seguiste señalando con movimientos lentos.

El infectado se fue.

Emma llegó hasta ti y, sin decir una palabra, te abrazó con fuerza desesperada. Sus brazos se cerraron alrededor de tu torso, enterrando la cara en tu pecho. Temblaba violentamente. Tú la abrazaste también, apretándola contra ti. Era un abrazo de pura supervivencia, de dos extraños que de repente solo se tenían el uno al otro. Sentiste su corazón latiendo contra el tuyo, su cabello suave contra tu barbilla. Ninguno quería soltarse. El contacto era cálido en medio del frío horror.

Pasaron minutos eternos así, abrazados en la oscuridad del callejón mientras la ciudad empezaba a morir afuera.

Cuando los sonidos se alejaron un poco, bajaron a las alcantarillas a través de una tapa suelta. El olor era nauseabundo, pero era un camino oculto. Avanzaron por el borde, usando la linterna de tu teléfono para orientarte. Te asomaste por varias rejillas y lograste ubicarte. El departamento de Emma estaba a unas doce cuadras.

Llegaron al edificio después de una hora infernal. Subieron las escaleras en silencio y entraron al departamento. Cerraron con llave y bloquearon la puerta.

Emma se dejó caer en el sofá, exhausta. Tú encendiste la televisión. Las noticias eran globales ya: infección en múltiples países, transmisión por fluidos, infectados sin dolor que atacaban con brutalidad extrema.

Ella marcó a su familia. Habló brevemente con Nicole, Jeremy, Avery, Isabel y Olivia. Estaban bien por ahora, atrincherados en casa. Le dijeron que no saliera.

Después de colgar, Emma te miró.

-Gracias... por todo esto -susurró-. No sé qué habría hecho sola.

-Sobreviviremos -respondiste-. Paso a paso.

Esa noche se quedaron cerca. Emma, todavía asustada, se acurrucó en el sofá a tu lado mientras vigilaban la ventana. No era amor todavía. Solo confianza naciente, gratitud y la necesidad humana de no estar solo en el fin del mundo. Tú sentiste algo protector hacia ella, esa chica famosa que ahora solo era una persona aterrorizada. Ella sintió seguridad en tu calma y tu forma de actuar.

Durmieron poco. Cada ruido los despertaba. Pero en esos momentos de silencio compartido, algo pequeño empezó a crecer: una conexión lenta, frágil, nacida del terror.

**Fin del Capítulo 1**

Literalmente estaba viendo una película de zombies mientras estaba en la cabaña y me encantó y este historia la quería subir alas 10 pero como no había mucha señal pues lo subo a esta hora ya que estoy de regreso a mi casa ahora no molesten con un capítulo de las demás historias👻

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