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El primer día del último año de secundaria siempre venía acompañado de un ruido ensordecedor: casilleros azotándose, risas nerviosas por los pasillos y el eco de las promesas de adolescentes que juraban que este sería "su año".

Para Rosé, sin embargo, todo ese caos se reducía a un zumbido de fondo en el momento en que divisaba una cabellera familiar entre la multitud.
​Ahí estaba Lisa.

​Llevaba la mochila colgada de un solo hombro, la misma sonrisa brillante de siempre y esa energía desbordante que parecía iluminar el pasillo entero. Al ver a Rosé, los ojos de Lisa se iluminaron y corrió hacia ella para envolverla en un abrazo que casi las deja sin aire.

​-¡Rosie! ¡Dime que nos tocó el mismo horario de química o me voy a morir! -exclamó Lisa, separándose apenas unos centímetros para mirarla a los ojos.

​Rosé no pudo evitar sonreír. Una calidez conocida le recorrió el pecho. Habían pasado nueve años desde que se conocieron a los siete, jugando en el parque del vecindario, y desde que entraron a la secundaria, se habían convertido en el pilar de la otra. Habían sobrevivido a los exámenes más difíciles, a los proyectos grupales desastrosos y a los dramas típicos de la edad, siempre juntas.

​Pero este año se sentía diferente. Mientras caminaban hacia sus casilleros compartiendo una tableta de chocolate, Rosé miró de reojo a su mejor amiga. Lisa hablaba con entusiasmo, gesticulando con las manos, detallando sus planes para el club de baile.

​Rosé la escuchaba atentamente, pero en su mente se formulaba una verdad silenciosa que se volvía cada día más evidente: los pasillos de la escuela podían estar llenos de cientos de personas, el futuro después de la graduación podía ser un abismo de incertidumbre, pero para ella... el universo entero se traducía simplemente a Lisa. Ella era su constante, su puerto seguro, el sol alrededor del cual orbitaban todos sus días.

​-¿Rosie? ¿Me estás escuchando? -Lisa pasó una mano frente a su rostro, divertida.

​-Claro que sí, Lili -respondió Rosé, acomodándole un mechón de cabello rebelde detrás de la oreja con total naturalidad-. Decías que este año vas a ser la capitana. Y yo voy a estar en primera fila aplaudiéndote, como siempre.

​Lisa le dedicó una mirada llena de cariño y le dio un suave empujón con el hombro.

​-Más te vale. No sé qué haría aquí sin ti.

​Rosé guardó sus libros en el casillero, ocultando una sonrisa. Lisa lo decía como un cumplido cotidiano, pero para Rosé, la frase tenía un peso absoluto. Realmente no sabía qué sería de su mundo si Lisa no estuviera en el centro de él.

Relativamente me di flojera de escribir demasiado así que los capítulo serán super cortos xd.
Espero les guste ♡
Es una historia cortita ♡♡♡.

Espero les guste ♡Es una historia cortita ♡♡♡

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Denle mucho apoyo ♡

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