Hey

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Love Live! No me pertenece, es de sus respectivos dueños.

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Hey tu.... ¿recuerdas cuando nos conocimos?

Aunque fue un encuentro casual, es un recuerdo que persiste en mis pensamientos incluso aunque pese a los años que han pasado.

Fue en un parque cuando te vi juguetear con tus amigas, una chica de cabello anaranjado y ojos azules, la otra niña poseía un cabello grisáceo y ojos ambarinos, tiempo después me di cuenta tiempo después que sus nombres son: Kousaka Honoka y Minami Kotori respectivamente.

Te veías feliz, sonriendo y saltando con la menguante lluvia. Particularmente, no me permitía salir a la intemperie con ese clima; pero ese día mi mamá se sintió intrépida y alegando que a los diez años no tenía amigas, me obligo a salir de la casa. Aunque lo que ella no sabía o previo, es que traje conmigo un libro que me ayudaría a cumplir con las horas reglamentarias para estar afuera y volver victoriosa a mi casa.

Fue el ruido de tu risa el que me hizo mirar a su posición. Me pareció curiosa, empalagosa y no escandalosa como la de la niña de anaranjada cabellera. De alguna manera, tranquilizante e hipnótica.

Estaban jugando a perseguirse, se veía divertido, incluso deje de prestar atención a mi fiel libro que me había acompañado la primera media hora.

Fue un poco extraño cuando note como Honoka te empujaba y decía algo que no alcanzaba a escuchar, Kotori se quedaba mirando y solo sonreía con alegría. Intentaste de muchas maneras ponerle freno a ese demonio de Tasmania y aun así ella tenía más fuerza en aquel entonces, te movió hacia mi posición y a unos pocos pasos de mí, ella se marchó dejándote a la deriva, como un corderito asustado.

Te mire curiosa, deje mi libro a un lado para intentar poner atención a lo que balbuceabas que a decir verdad, nunca supe que intentabas decir en aquel entonces.

H—Hey tu —fue lo que alcance a escuchar después de que respiraras bien— ¿q-­quieres jugar con nosotras? —preguntaste tímida, con la mirada baja, jugando con los la falda de tu vestido.

Era una escena... peculiar. Tuve curiosidad casi de inmediato. Saber que causaba tu timidez me tenía intrigada, sería una investigación interesante.

¿Jugar sería igual de interesante?

Me levanté de la sombra del árbol y al sacudir mi ropa asentí tenuemente. Tu sonreíste al notar mi acción, tomaste mi mano y me jalaste hacia donde estaban las demás.

Como novata en el ámbito de jugar con niños de mi edad, fue algo... vigorizante, no se asemejaba a la experiencia de sumergirme en un libro; pero sin duda sentí la necesidad de quedarme, compartir risas y sonrisas, experimentar de primera mano lo que es jugar con niñas de mi edad por primera vez.

El primer juego que jugamos era uno de "las traes", aunque debo aceptarlo, no entendí bien por qué teníamos que hacer eso y porque Honoka hacia un baile movimiento de un lado hacia otro su trasero como un pequeño simio. A continuación saltamos entre los pocos charcos de lluvia que se habían formado, muy a mi pesar y mi detestable horror a mojarme las zapatillas, seguí aquel insano juego solo por el mero placer de ver tu sonrisa alegre, era un hechizo gratificante verla.

Recuerdo bien, aunque el nombre se me escapa de la lengua, un pequeño juego donde contábamos las nubes que iban pasando y encontrábamos formas en esta. Mi falta de imaginación me impidió ver algo relevante o divertido, pero en cambio, tú les viste formas a todas las nubes. Si era un conejo, o un monstruo, nunca lo supe bien; pero te veías tan contenta que un pequeño sentimiento de comodidad albergo mi pecho en aquel entonces.

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