BEATRIZ

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Este manuscrito es la expresión humana de un sueño científico hecho realidad para cuya consecución he guiado estrictamente toda mi trayectoria académica y mi vida. Cuando persigues un objetivo con tanta obstinación y lo logras en las circunstancias que narraré, solo te queda un gran vacío. La triste certeza de que el camino hacia su consecución fue mi verdadero impulso vital y de que esa senda recorrida durante años con tanto esfuerzo y sacrificios reveló ser un febril trayecto sin retorno, un espejismo, una huida hacia ninguna parte. Hoy compruebo con dolor que la satisfacción personal de mi logro lleva implícita una dolorosa derrota existencial: la pérdida de la fe en el ser humano. Fui consciente de ello tras conocer a la bestia.

He dirigido la expedición más ansiada y anhelada desde que, en 1907, la Sociedad Arqueológica Francesa encomendara a dos sacerdotes dominicos de la Escuela Bíblica de Jerusalén, Antonin Jaussen y Raphaël Savignac, explorar Oriente Medio. Jaussen, mi álter ego académico, fue especialista en lengua árabe, etnología y epigrafía. Savignac en arqueología y fotografía. Cuando iniciaron su misión, el ferrocarril del Hiyaz que une Damasco con las ciudades santas árabes acababa de inaugurarse y ambos dominicos se unieron a los peregrinos rumbo a La Meca. Fueron los primeros en redescubrir la ciudad de Hegra cuyo nombre en árabe es Madain Saleh, ciudad maldita para los musulmanes. Tras un breve período de investigación, completaron la obra Misión arqueológica en Arabia, un libro que continúa siendo un referente para los investigadores y que haría soñar a generaciones de arqueólogos, incluida yo misma.

La expedición a Hegra ha sido extremadamente complicada de llevar a cabo. No fue fácil convencer a la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) de que financiara y liderara la expedición. Tampoco resultó fácil convencer a la AECID de que, tras asumir el liderazgo, se incluyeran en el proyecto expertos de la Universidad de La Sorbona de Francia y del Parque Arqueológico de Petra, Jordania. No obstante, tras muchas reuniones y negociaciones, se llegó a un acuerdo y comenzaron las gestiones administrativas que quedaron bloqueadas durante un tiempo en su fase final a la espera de obtener del Gobierno de Arabia Saudí un permiso de seis días para explorar Madain Saleh. Finalmente lo conseguimos, aunque bajo estrictas restricciones y vigilancia permanente.

La breve aunque intensa investigación en Madain Saleh ha proporcionado una gran cantidad de respuestas a interrogantes sobre la cultura nabatea que durante décadas han sido formulados, pero también ha generado gran número de nuevas incógnitas. Los resultados científicos de esta expedición serán publicados al detalle por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España cuando terminemos de procesar, analizar y cotejar la gran cantidad de datos que hemos obtenido. Entonces, ¿cuál es el motivo por el que he adelantado estos sucesos?

Durante la Expedición a Hegra, no solo hemos realizado un trabajo de campo sobre un terreno vetado. La casualidad, quizás el destino, nos ha llevado a desvelar el enigma de un cooperante español que hace más de una década se dio primero por desaparecido y después por muerto. Este caso ha constituido el reto más grande de la diplomacia española y su fracaso más rotundo por la complejidad de unos hechos imprevisibles.

Mi sueño de explorar Hegra para investigar la misteriosa civilización nabatea ha regresado a la vida un fantasma que para siempre se asociará a la expedición. Allí resucitamos la verdad sobre el cooperante de la AECID llamado Aitué. Después de abandonar Arabia, comencé una investigación paralela en Jordania y España. Como hija que soy de un matrimonio mixto entre padre jordano y madre española, siempre he sentido una fractura interior, una crisis de identidad, un conflicto vital que se debate entre Oriente y Occidente.

Al inicio, el hecho de conocer e interiorizar la vida de Aitué al que algunos testimonios se referirán como al Isbani (el Español), al Aj (el Hermano), al Machnún (el Loco), o al Laín (el Maldito), ha supuesto para mí un bálsamo porque me ha hecho descubrir que la fractura de mi alma no se corresponde, como creía, a mi procedencia de dos culturas divergentes. Sin embargo, tras muchas reflexiones y análisis de los hechos, el bálsamo inicial se ha convertido en veneno: la toma de conciencia de que la fractura a la que me refiero es universalmente innata a la naturaleza humana.

Aristóteles afirmó en su Tratado de política que el que está solo o es dios o es bestia. Aitué es la prueba de cómo la sólida voluntad de adscripción al humanismo de un hombre es capaz de hacer hibernar a la bestia. No obstante, su despertar en algún momento resulta inevitable. Dicha adscripción al humanismo del cooperante se debió a una decisión forzada por la razón, manipulada, anhelada. Necesaria para poder vivir como hombre entre hombres. Aitué anuló la bestia con un largo sueño, un letargo que duró hasta que la cuna racional que lo mecía no tuvo más argumentos sobre los que sustentarse. Cuanto la bestia más se removía inquieta en su ensueño racional, despertando en breve instante y volviendo a dormitar, más comenzaba el cooperante a alejarse del ser humano hasta llegar a odiarlo como jamás lo había odiado.

Huyó de él en búsqueda de un lugar recóndito donde ocultarse. La bestia no quería vivir como hombre. Lo detestaba y no iba a renunciar a su verdadera naturaleza por él. No volvería a caer otra vez en la quimera del consciente con falsas promesas e ilusiones humanas. Era preferible vivir y morir solo. Descubrir la vida de Aitué ha sido comprender a la bestia. Entender que yo también llevo su estirpe en lo más profundo de mi ser durmiendo un letargo profundo. Conocer a la bestia de Hegra me ha mostrado el camino doloroso e inevitable de perder la fe en la fraternidad del ser humano al hacerme afrontar cuál es nuestra auténtica naturaleza.

Debo decir que los compañeros arabistas que lean las transcripciones fonéticas del árabe al español que realizaré en esta confesión se echarán las manos a la cabeza. Lo sé. No son las más ortodoxas. No obstante, he decidido no utilizar las rigurosas normas de transcripción del árabe que reglan el español, el francés o el inglés. Cuando publiquemos con el CSIC el libro científico sobre la expedición a Hegra, seré extremadamente rigurosa con las transcripciones y los datos obtenidos. Aquí solo pretendo que un lector no especializado en lingüística ni cultura árabe lea los términos de la forma más aproximada al idioma originario.

He optado por dividir los hechos en dos partes que constituirán una unidad. En la primera expondré los preparativos de la expedición, su desarrollo y el giro inesperado que se produjo. Introduciré ciertas nociones de cultura árabe y religión islámica básicas que considero imprescindibles para que todos los lectores sean capaces de seguir el relato con la máxima comprensión.

En la segunda parte, a la que llamaré El diario de Aitué, mostraré cómo el hombre fue capaz de alimentar el sueño de la bestia durante años hasta que su filosofía de contención y su voluntad comenzaron a ceder, a resquebrajarse, a desplomarse, provocando una brusca liberación final. Para ello, presentaré los fragmentos que he considerado más significativos de un cuaderno de viaje encontrado durante la expedición y pruebas halladas en su momento por la Policía y el Ejército de Jordania, así como cierta documentación confidencial filtrada por un periodista jordano en el exilio con el que he establecido contacto. Veréis que he seguido un orden lógico en vez de cronológico. Estos fragmentos también se alternarán con extractos de informes que he obtenido de varios organismos.

Doy las gracias al Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación de España, a su Embajada en Jordania, al Instituto Cervantes de Ammán y al periodista Marwán Badri por su colaboración en esclarecer la verdad. Así mismo, pido disculpas a la familia de Aitué por no haberme atrevido a contarles la verdad personalmente y les presento mi más profunda solidaridad y respeto.

Beatriz Qabbani Sánchez

Directora de la Misión Arqueológica de España en Jordania 

La bestia de HegraHistórias para pegar e não largar. Descubra agora