El Heredero del Abismo
El último piso de la Torre Kaulitz no conocía el silencio, solo el zumbido constante del aire acondicionado y el eco de los pasos apresurados sobre el mármol italiano. En el centro de todo, tras un escritorio de caoba que parecía un altar al capitalismo, Simon Kaulitz observaba el horizonte de la ciudad. Sus dedos, adornados con un anillo de sello antiguo, tamborileaban rítmicamente.
A sus ochenta años, Simon era la única raíz que quedaba de un árbol genealógico que se negaba a morir. Y ese día, el árbol daría su fruto más esperado.
-¿A qué hora aterriza el jet? -preguntó Simon, sin girarse.
-Hace veinte minutos, señor. El coche está entrando al garaje privado ahora mismo -respondió su asistente, con la voz cargada de una tensión mal disimulada.
Simon sonrió. Después de años en el extranjero, moviéndose entre las pasarelas de París y los estudios de grabación más exclusivos de Los Ángeles, el heredero volvía a casa. No regresaba como el rebelde que se fue, sino como el hombre que tomaría las riendas del imperio. El nuevo CEO no era un desconocido para la prensa, pero sí para los empleados que susurraban en los pasillos sobre su reputación de hierro.
Varios pisos más abajo, en el departamento de diseño y estrategia, el ambiente era radicalmente distinto. Una pantalla gigante en la pared anunciaba en letras doradas: **"BIENVENIDO, CEO TOM KAULITZ"**.
La oficina era un hervidero. Las secretarias se retocaban el labial y los directivos ajustaban sus corbatas con manos temblorosas. Todos querían causar la primera impresión perfecta ante el hombre que, a partir de hoy, sería dueño de sus destinos laborales. Todos, menos una persona.
En el rincón más alejado, rodeada de carpetas de proveedores y muestras de telas satinadas, Alana ni siquiera levantó la vista de su monitor. Sus ojos ámbar estaban fijos en una tabla de presupuestos que no cuadraba.
-¿Escuchaste, Alana? -la voz de su supervisora, cargada de una emoción casi infantil, la sacó de su concentración-. Ya está aquí. Dicen que es más alto en persona, y mucho más... intimidante. El señor Simon va a presentarlo en el auditorio en diez minutos. ¡Toda la plantilla debe estar allí!
Alana se limitó a asentar, con un gesto mecánico y desprovisto de cualquier brillo de curiosidad.
-Entendido -respondió con voz plana-. Solo terminaré de enviar estos correos de logística y bajaré.
-¿No te emociona? -insistió la mujer, arqueando una ceja-. Es Tom Kaulitz. El hombre que ha estado en la portada de cada revista de moda y negocios este año. El soltero más codiciado de Europa es ahora nuestro jefe directo.
Alana finalmente apartó la vista de la pantalla, dejando que un mechón de cabello cayera sobre su rostro de piel canela. Suspiró, cerrando el archivo con un clic definitivo.
-Para el señor Simon es un nieto. Para el mundo es una estrella -dijo Alana, mientras se ponía de pie con una indiferencia que rayaba en la insolencia-. Para mí, es solo un nombre más en la firma de mis cheques. Mientras no reduzca el presupuesto de producción, puede ser quien quiera.
Caminó hacia el ascensor, ignorando los murmullos de sus compañeras. No sabía que, mientras ella esperaba que las puertas se abrieran, unos pisos más arriba, Tom Kaulitz se ajustaba la chaqueta de su traje a medida frente al espejo, con una expresión de aburrimiento similar a la suya.
Dos mundos estaban a punto de colisionar en una oficina de cristal, sin sospechar que el verdadero caos no ocurriría entre contratos y nóminas, sino en la penumbra de una cita a ciegas que ninguno de los dos había planeado ganar.
**[Escrito por: DomPeKa]**
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Doble Identidad
FanfictionUn reservado exclusivo en un restaurante de techos altos y luz tenue. Tom está de espaldas, observando la ciudad a través del ventanal mientras sostiene una copa de cristal con dos dedos. Alana se acerca, rogando internamente que el hombre de la cit...
