Capítulo 1: El Susurro de la Estasis y el Despertar de la Sangre

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El ala médica subterránea de la mansión Agreste no era un lugar diseñado para la vida, sino para la preservación. El aire allí siempre estaba saturado con el olor punzante del ozono y el antiséptico, un recordatorio constante de que la salud era un concepto frágil y artificial entre esas paredes de mármol y cristal. En el centro de una de las cámaras de contención, rodeado por una red de cables que parecían venas mecánicas, yacía Naruto Agreste.

A diferencia de su hermano gemelo Adrien, Naruto no era un hijo del sol. Mientras Adrien crecía bajo los flashes de las cámaras, Naruto se había convertido en un mito oculto, una anomalía genética que Gabriel Agreste mantenía bajo llave. Su condición no era un error de la naturaleza, sino una consecuencia mística: durante el embarazo de Emilie, el uso prolongado y desesperado del Miraculous del Pavo Real dañado había filtrado energía cuántica directamente al feto. Adrien nació ileso, pero Naruto absorbió la inestabilidad de la joya. Su cuerpo se había transformado en un recipiente biológico para el poder de la creación, una carga que sus células humanas apenas podían contener.

LA VIGILIA DE LAS SOMBRAS

Nathalie Sancoeur era la única presencia constante en la penumbra del laboratorio. Ella no solo era la asistente de Gabriel; era la guardiana del secreto de Naruto. Mientras Gabriel veía en el joven un experimento o un recordatorio doloroso de su esposa, Nathalie veía a un niño que se consumía en su propio fuego. Ella lo cuidaba con una devoción silenciosa, movida por la promesa que le hizo a Emilie antes de que ella cayera en su propio letargo.

-Sus niveles de sinapsis están aumentando -murmuró Nathalie, observando las gráficas holográficas que flotaban sobre la cámara-. El ciclo de tres meses de sueño está llegando a su fin.

Naruto no tenía las marcas de bigotes de las leyendas; en su lugar, su rostro estaba adornado por las Marcas del Linaje Místico, similares a las que los antiguos grabados atribuían a los señores del inframundo. Eran líneas carmesí y negras que nacían en el centro de su frente y se deslizaban con una elegancia trágica por el puente de su nariz y sus mejillas. Eran bellas y aterradoras a la vez, el estigma de un poder que no pidió.

De repente, los párpados de Naruto vibraron. Sus pupilas, de un azul eléctrico tan intenso que parecía quemar, se enfocaron en el techo de cristal. Al despertar, una pequeña chispa de energía escapó de sus dedos, haciendo que una bandeja de metal cercana levitara apenas unos milímetros antes de caer con un estrépito sordo.

-Nathalie... -su voz era un susurro ronco, como el crujido de hojas secas-. ¿Sigue... sigue siendo invierno?

-Es primavera, Naruto -respondió ella, acercándose para ayudarlo a incorporarse-. Has dormido noventa días. Tu cuerpo necesitaba procesar la carga residual de la última crisis.

EL DON PROHIBIDO

Nathalie lo ayudó a sentarse. Naruto miró sus manos, que temblaban levemente con una estática ámbar. Ella era la única que sabía lo que él era capaz de hacer. Gabriel sospechaba del potencial, pero Naruto, por instinto de supervivencia, solo mostraba sus habilidades frente a la mujer que lo trataba con humanidad.

-Mira -dijo Naruto con un esfuerzo visible. Se concentró en una pequeña gota de condensación que resbalaba por la superficie de su cámara de estasis. Bajo su mirada, la gota no solo se detuvo, sino que comenzó a expandirse, adquiriendo la forma de una pequeña pluma de cristal que brillaba con una luz interna antes de evaporarse-. Cada vez es más difícil controlarlo, Nathalie. Las cosas... quieren cobrar vida cuando las miro.

-Es el Amok en tu sangre, Naruto -explicó ella en voz baja, entregándole un suero estabilizador-. El Miraculous del Pavo Real crea vida a partir de la emoción. Tú eres esa creación. No necesitas la joya porque tú eres la joya. Pero tu cuerpo es humano, y el esfuerzo de dar voluntad a la materia te agota. Por eso debes dormir.

Naruto cerró los ojos, sintiendo el calor de las marcas en su rostro. Sabía que su existencia era un equilibrio precario entre ser un dios y ser un cadáver.

ÁMBAR Y ORO: LA ANOMALÍA AGRESTEStories to obsess over. Discover now