La luz de la mañana se deslizaba con suavidad por las cortinas de lino, avanzando poco a poco sobre las sábanas hasta alcanzar el rostro de Jake. Sunghoon ya estaba despierto. No recordaba exactamente cuándo había abierto los ojos; simplemente ocurría, como si su cuerpo supiera que debía hacerlo antes que nada.
Se quedó mirándolo.
Había algo tranquilizador en esa quietud, en la forma en que nada parecía interrumpir el momento. Antes, incluso dormido, Jake tenía pequeños gestos: un cambio en la respiración, un movimiento leve en las manos, una mueca casi imperceptible. Ahora no. Ahora todo permanecía exactamente igual.
—Buenos días, mi vida —susurró, inclinándose para dejar un beso en su mejilla.
Se incorporó con cuidado y comenzó su rutina sin apresurarse, como si cada acción ya estuviera decidida desde mucho antes. El agua, las toallas, los frascos alineados con precisión. Probó la temperatura con la muñeca antes de humedecer la tela y llevarla hasta su piel, recorriendo su brazo con movimientos lentos, constantes, deteniéndose en cada detalle.
—Siempre decías que me tardaba demasiado —murmuró con una leve sonrisa.
Separó sus dedos uno por uno, limpiándolos con paciencia. Luego secó con cuidado y pasó a los aceites, extendiéndolos con suavidad, como si más que un cuidado fuera una costumbre que no podía romper.
No había prisa.
Nunca la había.
El cabello vino después. Lo peinó con dedicación, acomodando cada mechón, inclinándose un poco para observar el resultado desde distintos ángulos. Ajustó apenas un detalle invisible y asintió para sí mismo.
—Así está mejor.
El jersey azul esperaba sobre la silla. Sunghoon lo tomó con ambas manos y lo sostuvo un momento antes de vestirlo, como si ese gesto tuviera un peso especial. El proceso fue lento, preciso. Cuando terminó, acomodó su postura, ajustando discretamente el respaldo para que se mantuviera erguido.
—Perfecto.
En la cocina, el café ya estaba listo. Sirvió dos tazas y colocó una frente a él, alineándola con cuidado. La luz de la ventana iluminaba la mesa de una forma limpia, casi inmóvil.
Se sentó y tomó un sorbo.
—Hoy quedó un poco más fuerte —comentó—, pero sé que no te molestaría.
Se levantó de nuevo y regresó con un plato pequeño. Fruta cortada en trozos exactos, pan tostado sin imperfecciones. Lo colocó frente a él y tomó el tenedor.
—A ver...
Sostuvo el trozo de fruta frente a sus labios.
Esperó.
Su expresión no cambió. No había incomodidad en su rostro, solo una calma sostenida. Acercó un poco más el tenedor, apenas lo necesario.
—Vamos...
Se quedó así unos segundos, como si el tiempo necesitara acomodarse.
Luego retiró el tenedor con suavidad.
—Luego lo intentamos.
Dejó el plato donde estaba, sin apartarlo, como si el momento no hubiera terminado del todo.
Regresó a su lugar y tomó el periódico, leyendo en voz alta con naturalidad, comentando, haciendo pausas breves, inclinando la cabeza de vez en cuando como si escuchara algo.
—Tienes razón —decía—. Es una locura.
El tiempo parecía diluirse en esa cocina, volviéndose más espeso, más lento, como si nada fuera realmente urgente.
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La tercera silla #SungJake
FanfictionOS- Donde Jake sufre un accidente y SungHoon lo cuida Espero les guste
