Capítulo 1: Cinco años después

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La habitación estaba en silencio, rota solo por el sonido tenue de la respiración asistida. Las cortinas apneas dejaban pasar una luz gris, indecisa, como si incluso el día dudara en avanzar.

Pero fue entonces que Bruce Wayne abrió los ojos.

Al principio no entendió nada. El techo era demasiado alto, demasiado... familiar. Intentó mover la mano y un peso cálido lo detuvo. Dick estaba ahí, sentado al lado de la cama, inclinado hacia adelante, con la cabeza apoyada cerca del colchón, tenía una mano aferrada a la de Bruce, como si soltarla fuera impensable. Su rostro mostraba marcas de cansancio que no deberían existir en alguien tan joven... pero ya habían pasado varios años.

Bruce tragó saliva y sintió como la garganta le ardía al hacerlo —Dick... —su voz salió rota, siendo apenas un hilo de sonido.

El muchacho se quedó inmóvil al oírlo, no levantó la cabeza de inmediato, como si tuviera miedo de haberlo imaginado. Sus dedos se tensaron primero, luego, muy despacio, alzó el rostro y sus ojos se abrieron de golpe cuando lo vio.

—Bruce...— susurró, sin atreverse a respirar demasiado fuerte.

El hombre intentó incorporarse, pero el cuerpo no respondió como esperaba. Un gesto mínimo bastó para que Dick se pusiera de pie al instante, acercándose más, casi protegiéndolo.

—No, no te muevas— dijo rápido, con la voz temblándole —Por favor... quédate quieto—

Bruce lo observó con atención. Grayson ya no era el chico que recordaba. Había algo más duro en su postura, algo cansado en la forma en que sostenía el mundo sobre los hombros.

—¿Cuánto...?— Bruce frunció el ceño cuando la garganta volvió a arder y forzó a las palabras a salir de su boca —¿Cuánto tiempo?—

Dick apretó los labios. Sus ojos brillaron, pero no dejó que las lágrimas cayeran —Cinco años— respondió al fin —Estuviste en coma cinco años, Bruce— Un silencio pesado cayó entre los dos.

Bruce cerró los ojos por un segundo. Cinco años. Gotham. La Batcueva. Sus hijos. Clark... Cuando volvió a abrirlos, Dick seguía ahí, mirándolo como si temiera que desapareciera de nuevo.

—Me quedé— dijo Dick, casi en un murmullo —Todos los días. Aunque dijeran que no ibas a despertar—

Bruce apretó su mano con la poca fuerza que tenía —Lo siento...— dijo apenas —No debiste cargar con todo esto—

El muchacho negó con la cabeza, rápido, demasiado rápido —Eres mi padre— respondió —Eso nunca fue una carga—

Y entonces, como si apenas lo recordara y sin soltar la mano de Bruce, Dick busco con su mano libre el teléfono y marco un número con dedos temblorosos. Se giró un poco, dándole la espalda a la cama solo lo suficiente para hablar en voz baja, como si alzarla pudiera romper el momento.

—Damian...— dijo cuando la línea se abrió —Despertó. Está despierto— hubo un silencio largo al otro lado —Sí— continuó —Ahora. En la mansión... no, no me voy a mover de aquí. Solo... ven. Por favor—

Dick cortó la llamada y se quedó quieto unos segundos, respirando hondo. Luego volvió a sentarse frente a la cama, más cerca que antes, casi protegiendo el espacio alrededor de Bruce.

—No quería dejarte solo— explicó, sin que Bruce se lo pidiera —Damian viene para acá— Bruce asintió despacio.

Sentía el cuerpo pesado, ajeno, pero la presencia de Dick lo mantenía despierto en la realidad —¿Damian...?— preguntó —¿Está bien?—

Dick dudó. Fue solo un parpadeo, una grieta mínima, pero Bruce lo vio.

—Creció— respondió —Mucho. Y... te estuvo esperando, aunque nunca lo admitió—

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